Hace unas semanas, Juan Urrutia hablaba sobre la banalidad del bien. Lo hacía a propósito de la presentación del libro Hombre sin nombre de Suso de Toro.
Ya entonces le comenté que, reflexionando sobre este tema me acordaba de la asociación aristotélica por la cual lo bueno es bello y viceversa y como esta idea nos separa de lo humano y nos lleva directamente a un dios, a una divinidad que, encima, es creador.
Y la asociación de Aristóteles me lleva a pensar en la muerte de Dios propugnada por Nietzsche, de modo que la reafirmación humanista que emana del racionalismo no es sino énfasis de lo periférico frente al centro creador que dominaba desde el principio de los tiempos.
Cuando el hombre se reafirma como sujeto creador y no como objeto creado, asistimos, desde esta perspectiva, al núcleo de la idea que Suso expone en su libro: el mal. Por eso el mal es sustancial a lo humano frente al buen y bello dios. De modo que el mal es el precio que paga el hombre por crear y crearse. Aquí está la génesis del pecado y, por eso, para las religiones, el pecado es universal. Y de ahí que para las religiones el hombre sea un ser imperfecto, frente al perfecto dios que todo lo crea y todo lo sabe.
Pero si el hombre es malo e imperfecto, como resultado de su propia acción o de la libertad que le es consustancial (y que defiende, por ejemplo el Cristianismo), en clara contradicción con la providencia divina, entonces dios también lo es, pues no sabe como devendría la creación sin su existencia, por lo que se le plantea el dilema de la autodestrucción, conditio sine qua non para alcanzar la infinita omnisciencia que se le presume y que es base de su bondad.
Y si lo pensamos bien, nos encontramos con que la metafísica de Hegel tiene un componente religioso muy destacado. En el principio, fue la Idea…una Idea imperfecta, que necesita someterse a una exposición con el mundo para desarrollarse. Una Idea que pierde su contenido virginal porque necesita ser rebatida para confirmarse. Requiere de un conflicto. Es decir, de una impureza, de una suciedad, de una dialéctica. O, si quieren, del mal para autoconfirmarse en la bondad de su esencia.
¿A qué les recuerda este planteamiento hegeliano?
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Es que Marx decía que aquello que luego se llamó el marxismo no era una ideología, sino prácticamente un modelo de análisis de la realidad, un análisis materialista, pero yo creo que sí había algo de ideología, un referente que seguía trascendiendo del hombre.
He de entender, entonces, que para ti, Miguel, la ideología (política en este caso) es equiparable a la religión:construcciones humanas que trascienden al hombre y que sirven para dar sentido y significado… y que, de paso, tienen una función liberalizadora o mesiánica. Una lo salvará del pecado y otra de las servidumbres de su propia condición humana.
Pero, para mí, estas construcciones, según tu planteamiento, lo que hacen es, por contra, fijar la condición humana y, por tanto, ponerle límites de actuación. Lo terrible es que el protagonista de su liberación no es el propio individuo.
En realidad, lo que Marx pretendia enunciar, efectivamente no era una ideologia dogmatica y cerrada, mas bien era algo más amplio y disuelto, si se quiere, era una piedra angular inicial a partir de la cual se desarrollarian diferentes modelos de “regenerar” la asociación del ser humano con el medio que lo envuelve.
Esto no quiere decir que su proyección hacia el futuro careciese de sentido práctico, que fuese aséptica en su análisis de la realidad, ni mucho menos.
Marx establece unos principios que conforman una forma de entender la realidad, pero también inicia el camino de la reivindicación ideológica en pro de una sociedad más justa, según entendia él.
Desde mi punto de vista, el ser humano racional y su condición metafísica son dos partes de una misma sustancia, no son dos realidades que conviven dentro de cada uno de nosotros, son más bien un todo mixto. Aplicamos la racionalidad a lo metafisico en la misma cuantia que solemos dotar a lo inperceptible de cierto sentido analítico para encajarlos en una realidad adaptada a cada ser humano por su propia consciencia y su experiencia vital.
Claro que, dentro de esta condición se articulan mecanismos sociales que operan para proponer al hombre un futuro mejor, ya sea antes o después de la muerte. El dificil equilibrio entre libertad personal y la necesidad de afirmación ideológica como elemento de convergencia con la sociedad, o con parte de ella, es un tema de largo y complejo tratamiento. Yo personalmente me quedo con la prevalencia del sentido liberador personal sobre los subterfugios de cualquier propuesta de asociación superestructural, religiosa o ideológica. Máxime cuando las rutas propuestas desde de los distintos postulados políticos confluyen siempre en un camino básico y común, carecen del sentido original y personal que tan necesario es para que el ciudadano distinga, acepte y escoja una opción ideológica u otra. Todo se presenta demasiado uniforme, demasiado estable.
A Clavijo:
Uno: yo no he hablado por mi, con lo cual yo no he opinado, no he dicho que piense tal o cual cosa, no era una opinión personal, hablaba del marxismo y de lo que dijo Marx, y mi opinión sobre lo que él decía, no yo.
Dos: una ideología no es una religión, entre otras cosas porque una religión no es una ideología. Puedes hallar las relaciones que consideres, pero mientras que las religiones están asociadas a figuras casi mitológicas así como intentaban dar respuestas a los grandes temores del hombre, como la muerte y el sentido de la vida, las ideologías suelen ser conjuntos de constructos lógicos sobre la sociedad, el hombre y su relación, más asociadas a la praxis cuando son ideologías políticas, y más asociadas a corrientes filosóficas cuando están asociadas a la ideología cuando intenta aprehender la esencia de la naturaleza (racional o irracional que dirían algunos) del hombre y por lo tanto su sociedad.
Tres: Aclarado todo esto, vuelvo a mi planteamiento inicial.
Lo que quería explicar, es que Marx detestaba las ideologías (lo dijo textualmente varias veces), según él, él, no era un pensador ideológico, el marxismo siempre fue planteado como un modelo de análisis, concretamente analizando la consecución de la historia y su relación con los medios de producción, para explicar porque según quien fuera el propietario de esos medios de producción existía una lucha de clases, que definía la evolución de la historia (materialismo histórico), y que explicaba porque hasta entonces el trabajo no estaba humanizado, sino que alienaba al hombre.
El socialismo llevaba al comunismo; el socialismo era la vía de reformas que nos llevaría a una sociedad comunista, sin Estado, en donde (y esto, como recuerda Norberto Bobbio por ejemplo, nunca fue bien definido) los trabajadores trabajarían para si mismos, recibirían recursos según sus necesidades y trabajarían según sus posibilidades reales.
Dogmático puede ser, sin duda, aunque un marxista seguramente te podrá decir que no, de la misma manera que también puede ser dogmático el economicismo de un liberal anglosajón que te hable de los derechos naturales, los horrores del positivismo estatal y del inevitabilismo del darwinismo social, tanto ó más dogmático que cualquier ideología reciente.
Desde mi punto de vista Marx partía de premisas ideológicas, sobre cierta concepción de la libertad y la dominación, concepciones concretas, que determinaban su análisis posterior.
Tanto el materialismo comunista como el materialismo capitalista tienen límites evidentes, como bien explica aquí nuestro amigo Pedro J. Simón, que tienen que ver por ejemplo con lo metafísico; estamos hablando de las religiones, de la filosofía, etcétera….
El error estaría en pensar que el hombre no es dueño de su destino porque ese destino lo marca Dios, cuando realmente Dios es un invento del hombre, como bien explicó Nietzsche.
Es decir, Marx dijo “la religión es el opio del pueblo”, claro, pero yo podría responder diciendo “¿y quien ha dicho que el hombre no quiera drogarse?”.
Hombre, es evidente que lo ideológico forma parte de la supersetructura en el planteamiento marxiano. Pero, en realidad, mi post no habla para nada de Marx, aunque bienvenido sea el debate. Supongo que el último párraf elacionado con Hegel os ha llevado directamente al materialismo dialéctico. Sin embargo, lo que pretendía era resaltar si hay conflicto entre lo divino y lo humano por alcanzar el protagonismo creador. Y cómo esta lucha está en la metafísica hegeliana.
De hecho, a mí la Idea de la que habla Hegel, esa Idea que tiene que mezclarse con el mundo para desarrollarse completamente, que requiere d un conflicto (diéctica), entronca muy mucho con lo religioso. El ejemplo más claro es la venida o la espera (según las religiones) de un Mesías.
¿Es posible que Hegel sitúe el centro ceador en otro sitio que no sea el hombre? ¿Acaso, como reflejo en el post, el hombre no es n ser imprefecto, frente al perfecto dios que todo lo crea y todo lo sabe?
¿Y no sería esa lucha por el protagonismo creador el que ha recorrido la filosofía occidental?
Jesús y demás lectores, acudid a la página: museocasaibanez.org, entrad en el apartado OBRA, y de esta acceded a LA FALACIA DEL SIGNO, serie pictorica del genial artista almeriense Andrés García Ibáñez.
Es un elemento perceptible que viene muy bien al hilo de lo expuesto.
Qué referencia más interesante, Pedro!
Gracias
Desde el desconocimiento, ¿el cristianismo postula únicamente el libre albedrío, la libertad del hombre para actuar y por tanto su exclusiva responsabilidad sobre el “mal” o también hay una corriente que defiende el determinismo?
En el caso del islam, el libre albedrío frente al determinismo es uno de los debates teológicos que dieron lugar al surgimiento de la teología dialéctica (kalam) allá por el siglo VIII, y un debate que se mantiene abierto y vivo con escuelas teológicas claramente diferenciadas y enfrentadas.
Pedro J.Simón, gracias mil por el maravilloso descubrimiento de Ibañez.
Saludos
Sí cierto, la cristalización de los valores que se progugnan en figuras casi humanas, pero que trascienden al propio hombre, es algo habitual en algunas corrientes filosóficas (el extremo yo creo que es el propio Tomás de Aquino cuando quiere probar racionalmente la existencia de Dios).
En la historia del socialismo por ejemplo existen los dos extremos, desde el materialismo de marx, hasta el colectivismo cristiano.
Ese simbolismo que trasciende al propio hombre, puede ser visto como algo irracional, ó como el intento de separar al hombre del centro del pensamiento, puede ser, pero también es cierto que fué útil (desde el punto de vista más utilitarista) para movilizar conciencias y azuzar sentimientos en ciertas épocas, en corrientes que implicaban a la sociedad.
Martina, qué tal?
Aunque no exista un debate como tal, considero que el cristianismo no ha explicado bien cómo se armoniza la providencia divina (una suerte de determinismo) y la libertad que, supuestamente, Dios padre deja a sus hijos los hombres.
Miguel, es interesante lo que expones en tu última reflexión. ¿Lo dices por la justificación religiosa de determinados nacionalismos?
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