Archivo

Archivo para 28 julio 2006

Una guerra inútil

28/07/2006 5 comentarios

¿Cuándo piensa terminar Israel de cargarse un Estado? Si Israel entiende que el mundo está con su causa y tiene derecho a defenderse (sui generis interpretación de cónclaves internacionales), que los terroristas se mezclan con los civiles (no es del todo así en Líbano) y que por eso es lógico que haya víctimas civiles, si además considera prioritario el derrumbe de edificios residenciales que fueron en su día habitados por meros simpatizantes de Hezbouallá porque con ello destrozan “infraestructura terrorista”, si de lo que se trata es de cargarse puentes e instalación eléctrica y medios de comunicación porque son “apoyo logístico” de los enemigos de Israel…

Si uno empieza a sumar todo esto se da cuenta de que la estrategia para combatir un grupo que no es Estado pasa por destrozar al Estado que le cobija, le da abrigo y lo alimenta, del mismo modo que Hezbouallá se ha hecho a sí misma una organización indisociable del Líbano.

Pero lo más terrible del conflicto es que los medios empleados son totalmente ineficaces para alcanzar el fin que se dice perseguir. Sencillamente porque cuando golpeas un Estado para cargarte a una organización no estatal, cuando empleas técnicas, métodos y estrategias que pasan por la quiebra técnica o la disrupción total del funcionamiento del Estado, estás transfiriendo poder a tu enemigo: el enemigo que dices combatir se hace más fuerte en un entorno de cuasi anarquía, utiliza el desmoronamiento del stablishment para recabar más apoyos y lealtades, incluso en círculos otrora ajenos a la organización; sustituye las funciones básicas del Estado y va ganando exponencialmente representatividad conforme el conflicto se extiende en el tiempo, hasta el punto de hacer del conflicto el leit motiv de su existencia como movimiento organizado.

Por eso, por encima de mensajes propagandísticos a uno y otro lado; por lo alto de esta ceremonia de la confusión y de la imposibilidad de alcanzar un objetivo –la extirpación total de Hezbouallá– con fallos en los planteamientos de los medios (ir cargándose círculos concéntricos de apoyo e influencia hasta llegar al núcleo del átomo)… la paradoja a la que se enfrenta Israel es que la destrucción del Líbano no supone el fin de Hezbouallá, sino todo lo contrario. Y que, por tanto, su conquista es del todo infructuosa.

Categorías:Uncategorized

Todo es susceptible de empeorar

Israel dice que tiene al apoyo del mundo para proseguir con su lucha contra Hezbouallá. Pura metralleta propagandística porque la realidad es quees una guerra contra Líbano. Y ahí están los muertos, los huidos y los destrozos para evidenciarlo…

…pero es que Hezbouallá dice lo mismo. Cree justificada también su causa en lo que dicen debe ser una respuesta contra la desproporción del ataque israelí, cuando en realidad su afrenta es contra Israel como estado, sin ahorrarse proclamas antisionistas. Parece como si la lucha permanente contra Israel justificara su existencia como grupo.

El conflicto ha llegado a un punto de no retorno y está empozoñándose. Ya lo dijimos: la guerra durará, lo único que variará es la frecuencia y la intensidad de los ataques. Y la permanencia de la diatriba se sustenta en el irrealismo de los objetivos. Por un lado y por el otro.

Y en medio queda el combate sobre el terreno y sobre la opinión pública. Esta guerra es cada vez más un conflicto listo para influir, propagar escaramuzas y pseudovictorias y para crear adeptos a cada uno de los bandos, a cada una de las causas. Lo de las conquistas por Israel de poblaciones fronterizas es un paradigma.

La estraegia consiste en apuntarse datos a favor, con independencia de la objetividad de los hechos.

Ante la impotencia de la comunidad internacional, la clara adhesión de EEUU a los postulados militares de Israel (y aun hay gente que se sorprende) y el subrepticio apoyo que Hezboullá encuentra en determinados gobiernos y grupos no estatales, resulta imprescindible ganar posiciones en la dialéctica de los mensajes.

¿Quién está ganando la guerra? Si hacemos una cuestación en cada una de las posiciones, las dos nos dirán que están venciendo.

Y lo cierto es con independencia de los apoyos que recaben, esta guerra podría tener sólo un valor relativo, si no fuera porque la batalla que se libra en la frontera no tuviera una repercusión estratégica a nivel internacional. A diferencia del 82, en esta
guerra, el derrotado pierde algo más que un territorio. Y ese es el problema y la causa principal del enquistamiento de posiciones.

Que Hezbouallá esté comprometiendo a todo un gobierno creando un frente de concentración, lucha y defensa que involucra a la práctica totalidad de la sociedad libanesa, que Al Zawahiri haya difundido un vídeo comprometiéndose con su hermanos musulmanes (¿ya los chíitas no son herejes?) de Líbano, y que grupos más o menos radicalizados estén preparando movimientos, desde el Sudeste asiático hasta el Magreb para operar en el frente libanés, o que Israel se postule como gran bandera del oocidentalismo y cuente con carta blanca de EEUU para estirpar la influencia de Irán en la zona, no dejan de ser movimientos que deben medirse en su justa escala.

Y la que impera, por ahora, es la publicitaria, aunque, ya se sabe, todo es susceptible de empeorar.

Categorías:Uncategorized

Antisemitismo e islamofobia: un debate baldío

25/07/2006 5 comentarios

Si hay una palabra que resuena en la esfera de lo publicado, esa es antisemitismo. Lo cierto y verdad es que poco se debate sobre lo semítico. Y realmente, es un concepto que se conoce poco en proporción a las habituales diatribas y querellas que genera.

Realmente, el uso torticero del palabro parece revelar cierto posicionamiento ideológico. De hecho, se ha constituido toda una campaña, a propósito de la guerra del Líbano, para clasificar, en torno a patrones preestablecidos y a circunscripciones ideológicas, a quienes están opinando sobre el asunto.

En fin, parece ser, en cualquier caso, que algunos de los que acusan con saña ciertas opiniones que tildan, así y del tirón, como antisemitas, traslucen una islamofobia difícilmente camufable. Pero, ya digo, no merece la pena enlazar. Que se visualicen ellos como quieran. Una discusión de este tipo me parece un tanto banal. De hecho, las clasificaciones categóricas, las afirmaciones conduntes y las soluciones fáciles pasaron a la historia. Y la historia, historia es. Pero nada más. Máxime cuando la historia se convierte en un obstáculo para afrontar nuevos retos y aprovechar nuevas oportunidades. Realmente, no creo que la historia sea una herramienta válida para resolver conflictos.

En realidad, creo que sí merecería la pena pararse en dos aspectos: Si la estética homogénea de la globalización se acompaña de un ética de la individualización. Y si, paradójicamente, el triunfo de la democracia liberal como praxis política aparejada a la estética de la globalización requiere de nuevas odiseas colonialistas.

Creo que merecería la pena pensar sobre ello. Probablemente, nos sirva para comprender determinadas situaciones.

Categorías:Uncategorized

Es la hora de nuevas alianzas

21/07/2006 8 comentarios

Mucha gente da por hecho que Israel debe basar su legítima defensa en unos buenos ataques. Pero, es el momento de preguntarse si realmente ataques como los que se están produciendo en Líbano llevan consigo un Israel más seguro y más impermeable a hostilidades. La respuesta que da la Historia desde 1948 es que no.

Ayer, Slomo Ben Ami afirmaba en una entrevista televisiva que, en cierto modo, los grandes acuerdos de paz, a la postre fallidos, añadiría yo, se alcanzan después de destacables operaciones bélicas. Pero yo me pregunto, una vez más, si esto es posible en el mundo que nació del 11-S, en el mundo dominado por la doctrina de la Guerra contra el Terror.

Sinceramente, es hora de que Israel se replanteé las cuestiones internamente y reflexione, no sobre su existencia, sino sobre cómo debe comportarse para que su indiscutible existencia no se cuestione. Aquí está la raíz del asunto, la madre del cordero.

No sólo es que el recurso a la intervención armada contra su vecinos árabes haya resultado en la mayor parte de las veces infructuosa, no sólo es que el militarismo se haya convertido en una cuestión social y culturalmente arraigada en Israel y, por tanto, consustancial a Israel cuasi por definición, sino que ha llegado la hora de que la sociedad israelí y, con ella sus políticos, se cuestionen sobre la viabilidad de esta postura en un mundo que, mayoritariamente y, a su pesar, no cree, en lo más profundo, que las acciones de Israel contribuyan a la búsqueda de una paz con visos de persistir.

Lamentablemente, y si la razón de ser de Israel no se cuestiona de verdad y dentro del propio Israel, estamos llamados a inaugurar una era en la que la oposición a Israel no estará encarnada por el mundo árabe tal y como lo conocemos, sino por agentes y grupos que, paradójicamenente, ven en la persistencia de una suerte de guerra eterna su razón de ser.

O Israel hace una llamada definitivamente a la paz y cambia su estrategia errónea o, como ya he comentado antes, estamos abocados a un conflicto permanente que tendrá picos de intensidad conforme facciones enemistadas entre sí y con diferentes cosmogonías, vean en el modus operandi israelí, con el apoyo de EEUU, una suerte de justificación a sus, per se, injustificables actos.

Y es Israel el que tiene que cambiar, no cabe otra. ¿Por qué? Porque, hoy por hoy, se da la paradoja de que Israel comparte un mismo miedo, un mismo enemigo, que es informe, cambiante y difícil de neutralizar, con quienes, en el mundo árabe, y en otros tiempos, protagonizaron enfrentamientos con el propio Israel.

Si para Israel, atacar para defenderse, sin importar los medios, era razón de estado, para otros países del entorno, la razón de estado se encontraba en la eliminación del sionismo. Pero esto ya no es  tan así en gran parte del entorno israelí.

Por eso, aquí se abre una nueva vía que debe explorarse: una nueva etapa de alianzas necesarias.

Categorías:Uncategorized

Apuntes para un conflicto

20/07/2006 8 comentarios

-Acabar con Hezbouallá no deja de ser un objetivo irrealizable. Israel sabe de la imposibilidad del objetivo, pero lo mantiene como coartada para la extensión de sus ataques.

- El uso de la fuerza armada para instrumentalizar el legítimo derecho a la defensa pone de relevancia dos aspectos fundamentales: su ineficacia intrínseca y la obligada extensión del derecho invocado por los países en litigio, caso de Palestina y Líbano.

- La nefasta indecisión y tibieza de la comunidad internacional sólo puede tener un objetivo explicable: el miedo a la internacionalización del conflicto. Pero la falta de diálogo con Siria e Irán representa todo un error de estrategia. El deterioro de relaciones con ambos países representa todo un hándicap en la situación actual.

- Esta ausencia de una intervención decidida de la comunidad internacional puede, sin embargo, provocar una implicación más decisiva de los países de la región, a medida que aumente la presión interna en estos países. De este modo, la falta de implicación puede derivar en protestas internas auspiciada por elementos extremistas, aunque no sólo, y cuyas consecuencias son, a priori, no pronosticables. Este protagonismo de grupúsculos islamistas, disfrazados bajo un lógico sentimiento de solidaridad con Líbano o Palestina, provoca temor en países como Egipto, Jordania o Arabia Saudí.

- La estrategia de EEUU, basada en un apoyo indiscutible en Israel para que prolongue su acción militar, constituye un elemento más en pro de la desestabilización de la zona, amén de los daños humanitarios que está produciendo, con un cierto desequilibrio de cifras en contra de Líbano, el conflicto abierto hace una semana, aunque ciertas escaramuzas anteriores avisaban del estallido de la guerra.

- El actual gobierno de Israel, con un partido y un ejecutivo establecido ad hoc para delimitar sus fronteras mediante una serie de desmantelamientos en los territorios ocupados, a cambio de fortalecerse en determinadas zonas concretas de Cisjordania y no discutir el status de Jerusalén, se encuentra ante un vacío de poder que sólo puede ser llenado mediante el recurso a una guerra permanente, sostenida y con diversos grados de intensidad. Por desgracia, puede que el futuro inmediato del gobierno, es decir, su justificación provenga de la necesidad de mantener un conflicto, aunque sea de baja intensidad, con los territorios fronterizos y con la vista puesta en una dialéctica de intervenciones puntuales y amenazas recíprocas con Siria y, sobre todo, Irán.

- Por desgracia, la campaña militar israelí y su patente grado de desproporción, dígase lo que se diga y se disimule como quiera, puede propiciar una alianza, otrora remota, entre facciones chiítas y organizaciones yihadistas. Aunque los atentados en territorio irakí demuestran que existe una guerra civil de facto entre ambas facciones, no deja de ser posible una colaboración alimentada por la necesidad de combatir un enemigo común. Es más, los primeros tiempos de la insurgencia tras la caída de Saddam puso en evidencia que esta asociación es factible. De hecho la creación de un status quo de paz precaria una vez pasen los momentos álgidos del conflicto, la desestabilización reinante, incluida la fragilidad el ejecutivo libanés, puede facilitar este tipo de movimientos.

- El establecimiento de un diálogo con cesiones importantes por parte de Israel, tanto en su frente norte como en su frente sur, lo cual incluye la aceptación de la legitimidad de Hamás y un compromiso en pro de la creación de un Estado Palestino es vital para otorgar estabilidad a la zona. Asimismo, y con el apoyo de la UE, de la ONU y también de EEUU, tanto Hamás como el gobierno libanés deben colaborar en el control de facciones, grupos y tribus susceptibles de perpetuar un conflicto armado con Israel. Por tanto, se debe trabajar por una incorporación al aparato del Estado de estos grupos no estatales, movimiento fundamental para alcanzar una tregua verdadera sobre la que construir el desarrollo de Líbano y Palestina en un entorno de paz.

Categorías:Uncategorized

Dilemas sobre un ideal (democrático)

Bush habla en Alemania del renovado conflicto en el Sur del Líbano y lo hace curándose en salud. Muy diplomáticamente, justificando la acción de Israel, pero con reservas. Es decir, planteando que Israel debe actuar en su ‘justa medida’, de modo que el enfrentamiento con Hezboullá no represente un bloqueo del Gobierno de Beirut, aliado de EEUU y que, se supone, ha colaborado en el aborto de un nuevo atentado terrorista en los túneles de Nueva York.

En resumen, que da vía libre al contencioso, mientras no afecte a los interese de EEUU en la zona. Y, en consonancia con esta idea, Bush lanza, junto a Merkel (está cada vez más claro que las posiciones de EEUU se fortalecen en el país germano tras la marcha de Schröder y dada la importancia capital y estratégica de la base militar de Stuttgart) un nuevo alegato de su ideal democrático.

Para Bush, la mejor forma de enfrentar el terrorismo y de ayudar al progreso de los países del Gran Oriente Medio es el establecimiento de una democracia liberal.

Lo malo es que tendrá que explicarnos cómo. Porque, por ahora, el gran dilema al que se enfrenta este ideal, esta loable aspiración, tan indiscutible objetivo es que, o bien,

1) Los procesos democráticos resultan totalmente ineficaces para la reconstrucción del Estado.
2) O, directamente, no se permite la construcción de ese Estado, cuando los resultados electorales no gustan.
3) La democracia no es eficaz en la lucha contra el terrorismo y es totalmente incapaz de neutralizar la amenaza de una guerra civil.
4) Es aceptado un régimen democrático con pocas garantías con tal de apoyar a un aliado.
5) Se legitiman algunos cambios en la fachada democrática, pero en esencia nada cambia.

En resumen, me sigo preguntando como el digno ideal democrático se resuelve sin caer en la paradoja de que represente un ascenso al poder institucionalizado de quienes son considerados los máximos enemigos de los promotores de la democracia.

Hasta donde yo sé, esta contradicción se resuelve con el mantenimiento del status quo.

Categorías:Uncategorized

La dificultad para caracterizar un conflicto

12/07/2006 5 comentarios

El terrible atentado de Bombay, la cadena de ataques en Irak entre facciones musulmanas y su precipitación hacia una guerra civil, o la creciente tensión en Oriente Medio, con la última intervención de Hezbollah incluida, revela varias cuestiones de interés sobre las que hemos hablado anteriormente.

1) La caracterización del conflicto. Todas estas crisis ponen de relieve el carácter asimétrico del conflicto, así como la incompetencia de una acción armada propulsada bajo esquemas tradicionales para enfrentar el problema. Lejos de encontrar soluciones, la acción de tropas profesionalizadas con acciones a pie de calle está resultando netamente ineficaz y, por el contrario, contribuyen a aumentar la intensidad del conflicto, que gana tanto en espectacularización de forma directamente proporcional a la ausencia de resultados.

2) La caracterización de los actores. La dificultad para delimitar al “enemigo” impide una adecuada resolución del conflicto. Esto se debe a un error de enfoque que pretende englobar la acción terrorista bajo la caracterización de un conflicto religioso o de civilizaciones. Una perspectiva global del asunto debe centrarse, muy al contrario, en una definición del peso de las culturas, tribus, clanes y bandas que operan dentro de un mismo territorio con bastante grado de homogeneidad religiosa, pero con una increíblemente alta disparidad de objetivos y métodos de acción.

3) La caracterización de los objetivos. La dificultad para desentrañar y definir a los protagonistas y la misma caracterización poliédrica del conflicto implican una diversidad en los objetivos: desde la creación de un Califato hasta simples deseos territoriales, pasando por el control de recursos naturales o la introducción de un determinado sistema de gobierno que choca con las aspiraciones de los agentes locales de la zona en conflicto. Nos encontramos, por tanto, con acciones que obedecen a un fin global que se mezclan con las más sencillas, naturales y recurrentes aspiraciones locales de poder.

4) La caracterización de los medios. Cada vez más el terrorismo es más una red de atentados y acciones terroristas, realizadas en un corto espacio de tiempo, en una zona bien delimitada, con un gran cobro de vidas y, sobre todo, con un impacto que lejos de ser coyuntural, persigue afectar a las (infra)estructuras del poder que se pretende combatir. Y esta acción en red es resultado de la acción de células, grupúsculos y facciones armadas que, para actuar, no necesitan ni de órdenes ni de objetivos necesariamente globales. Y donde, por tanto, importan más los medios que el fin, el cómo que el quiénes.

Categorías:Uncategorized

El terrorismo yihadista y las soluciones mágicas

10/07/2006 2 comentarios

Recibí la semana pasada una invitación para participar en un curso sobre ‘yihadismo’ que ha organizado la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Por motivos básicamente laborales no podré asistir a otras sesiones y ponencias que se extenderán hasta el viernes, pero hoy lunes me escapé y me llegué a Carmona, donde se celebra el curso. Ni que decir tiene que no hay excusas para arse una vuelta por este histórico municipio de la provincia y para disfrutar de su gente, de sus monumentos y de su ambiente. Sencillamente, me encanta tomarme un café en esta ciudad.

Pero hoy, además del café, exquisito por cierto, me llegué al hotel donde se celebraba el curso organizado por la UPO dentro de su programa cultural para los meses de verano. Además, el tema es de máximo interés.

Dicho esto, entremos en materia. El abordaje de una cuestión como es el terrorismo yihadista, la acción violenta de corte salafista, no es, ni mucho menos, fácil. Y, por supuesto, su estudio también está sometido a diversas ideologías, corrientes de pensamiento y a la cosmogonía de quien se adentra en la investigación sobre el tema. Por eso, las aproximaciones al asunto deben valorarse en función de un contexto. Y el que me encontré hoy en Carmona sencillamente me ha defraudado.

Para empezar a analizar una cuestión como ésta representa, a mi juicio, un enfoque equivocado abordar el conflicto como “un choque de civilizaciones”, tal y como lo consideró el primer ponente del curso, Carlos Echevarría. De Carlos, por lo que le he leído he aprendido cosas, pero no me queda más remedio que disentir con él en otras muchas valoraciones.

El caso es que el ponente se dedicó a repasar la ‘presencia’ de núcleos salafistas en el Magreb, otorgando, eso sí, una acertada centralidad a Argelia, pero obviando que el terrorismo yihadista en África no puede entenderse sin estudiar qué está pasando en regiones como el Sahel e incluso otros países del África subsahariana.

Para mí, representa un error de aproximación considerar el yihadismo, sin más, un choque de civilizaciones a la manera huntingtoniana. Una falsa hiótesis que desvirtúa muchas de las tesis que se pretendan exponer sobre el asunto. Máxime si tenemos en cuenta que no asistimos a tal ‘clash’, sino a lo sumoa un choque cultural con corrientes enfrentadas -y esto es importante- en el seno de países muy homogéneos y muy bien caracterizados dese el punto de vista religioso. No creo que se trate de una guerra de religiones que se libra de una manera universal y con bandos bien establecidos. La perspectiva debe ser más compleja.

Otro de los fallos fácilmente detectables en el estudio del yihadismo es la fuerte confianza depositada en la intervención armada, seguida de reforzamientos de medida de seguridad, con el subsiguiente detrimento de las libertades públicas, como medidas necesarias para acabar con el terror “de una vez y para siempre”.

Propuesta que encaja la concepción neoconservadora del mundo: “hay un final preestablecido para el terrorismo” porque “hay un enemigo final al que podemos derrotar” sin que, por supuesto, importen mucho los medios. Y, no menos importante, sin considerar que una regresión de las libertades en pro de la seguridad no deja de ser, en última instancia, una concesión al permanente estado de amenaza que propaga muy bien el terrorismo internacional.

Una cosmogonía, por cierto, que aquí en España encuentra acomodo en FAES -por cierto que Gustavo de Arístegui es uno de los ponentes del curso–o GEES y que suele dominar los cónclaves sobre el yihadismo y que es la que predomina, y lamento mucho decirlo, el curso organizado por la UPO. O mejor dicho, por un determinado departamento que conozco bien.

Por otra parte, domina un error metodológico que cría adeptos y simplifica conceptos y que consiste en confundir un presunto terrorismo yihadista con conflictos que son claramente nacionales o, insistimos, conflictos entre culturas dentro de un mismo territorio. Pensemos, por ejemplo, en los casos de Israel-Palestina (terrorismo nacionalista de un lado y de otro), de las milicias musulmanas en Sudán -el otrora considerado santuario de Ben Laden–, con los janjaweed que golpean no tanto a sus vecinos animistas del sur, sino a sus correlegionarios de la parte septentrional, pero igualmente musulmanes (clásico ejemplo de guerra por los recursos y de corte cultural, en absoluto religiosas, pues el enfrentamiento es, en este caso, entre musulmanes). Por no mencionar, casos tan dispares como el Somalí o el bangladeshi.

Otra de las intoxicaciones frecuentes del discurso neocon es el que apela al doble lenguaje de la democratización. A conveniencia, claro está. Pues el riesgo a que rasquen cuotas de poder políticos grupos islamistas impele a Occidente (sic) a reforzar regímenes autárquicos, desde Marruecos a Arabia Saudí, pasando por Egipto. Lo dicho, doble vara de medir. No tenemos más que recurrir al voltaje “realista” del nuevo documento-guía para las relaciones exteriores aprobado por la Casa Blanca, tras la apuesta por Condi Rice como secretaria de Estado y la progresiva pérdida de peso de gente como Cheney o el mismo Wolfowitz, resituado en el Banco Mundial, para comprobar cómo el dicurso se dirige al fomento de la democracia liberal en el mundo árabe, mientras la experiencia, desde Argelia a Palestina, pasando por Marruecos nos dice otra cosa.

También sería necesario que en un curso sobre yihadismo se profundizara en la particularidad asimétrica del conflicto, lo que añade complejidad a esas soluciones aparentemente fáciles que el pensamiento neoconservador impone sobre este asunto. En este sentido, habría que valorar la incapacidad de los ejércitos, con el paradigma irakí -pero no sólo en Irak- para enfrentarse a los grupúsculos insurgentes. Pensemos en Afganistán, donde hay agricultores que trabajan en el campo por la mañana y ponen un artefacto por la tarde; acordémonos de Nigeria y cómo hay grupos que, en función de determinadas lealtades y del establecimiento de enemigos comunes, protagonizan un terrorismo en red golpeando al mismo tiempo infraestructuras básicas para la población, desde el suministro eléctrico hasta conducciones de agua, centrales energéticas y pozos petrolíferos, por ejemplo. Vamos, toda una externalización del modelo irakí que ni siquiera la muerte de Al Zarqawi ha atenuado. Como, por otra parte, era de esperar y reconoció el mismo Bush.

Y, por supuesto, si queremos estudiar seriamente el terrorismo salafista, debemos empezar por considerar a Al Qaeda no como una red centralizada donde unos pocos dan órdenes y un ejército no identificado de células cometen atentados, sino como una auténtica red distribuida del terror dispuesta a golpear sin que necesariamente le lleguen instrucciones. Es decir, Al Qaeda ya no es ni siquiera una marca o una franquicia. Nadie tiene que dar luz verde desde las lejanas montañas -Aznar dixit– de Afganistán. A ver si van aprendiendo en FAES este matiz, que falta le hacen para no caer en sentencias simplonas y propias de asustaviejas. Es más, quizá los elementos más radicalizados sean más fáciles de encontrar en Londres que en Pakistán.

Y una última nota: la típica asociación entre movimientos antiglobalización-terrorismo por sistema es falsa y muy propia también del discurso neocon, hasta el punto de que afirman de que “En Chiapas o en los territorios del a FARC en Colombia, todo es posible”. De aquí a juntar a batasunos e islamistas sólo hay un paso. Y andado ha sido, por más que se desmonten teorías.

Claro que los terroristas no quieren el progreso ni la libertad (es más lo consideran la gran amenaza a su versión y visión del mundo y un claro obstáculo a sus objetivos), pero quienes abogamos por una visión crítica del asunto no podemos sino rechazar de plano la internacionalización de la libertad por medio de las armas o el pernicioso efecto uniformizador que conlleva la tan manida teoría del Choque de Civilizaciones, pues el mundo no es homógeneo… ni tampoco los terroristas lo son, ni mucho menos las culturas y las religiones.

Quienes subrayan esta concepción plana deberían empezar a buscar soluciones para la población que rechaza, con igual intensidad, a los islamistas y a quienes dicen tener soluciones mágicas – y no menos religiosas- para enfrentarlos. La solución antedicha la exigen, por ejemplo, el 90% de los musulmanes. Hagan, si no, una cuestación en el propio Irak.

Categorías:Uncategorized

¿Qué falló otra vez?

07/07/2006 5 comentarios

En los últimos días estamos asistiendo a un nuevo ataque de Israel en la Franja de Gaza. Además de la muerte de civiles, que sigue a los acontecimientos tristes del bombardeo de la playa, el episodio ha llamado la atención por la desproporcionada reacción de Tel-Aviv respecto del secuestro de un joven soldado a manos de milicias palestinas.

Este acontecimiento trasluce varios puntos de interés y muy propicios para una reflexión y un debate pausados. Sé que esta es una cuestión que cansa y que es un capítulo más de un bucle que, no obstante, sí puede tener salidas. Pero un poco a vuela pluma, la situación plantea algunos interrogantes que me gustaría expresar.

La incursión de Israel en Gaza ha conllevado el arresto de personal y hasta ministros de Hamás, que es, no lo olvidemos, el partido (cuando menos formación con varias corrientes internas y muy diverso, no conviene olvidar este aspecto) que sustenta el gobierno de los territorios palestinos, aunque como se sabe, la autoridad máxima reside en la jefatura de pseudo-estado palestino, que se asienta en el presidente de la ANP, Mahmud Abbas. Al mismo tiempo, hay que considerar que Hamás sigue sin reconocer la existencia de Israel como Estado, es decir, niega el principio sionista y, al contrario que Al Fatah, no se conformaría con una vuelta a las fronteras anteriores a 1967.

Con independencia de este núcleo duro del conflicto, la evidencia de la diatriba reside en gran parte en el no reconocimiento mutuo ni de los estados ni de los gobiernos. El sustrato de esta negación pone en crisis la aceptación de la democracia en ambos agentes el conflicto, pues cada gobierno niega sistemáticamente la legitimación de su contrario. A partir de aquí, se plantea la cuestión de la credibilidad justificabilidad y fiabilidad de la democracia, porque conviene inevitablemente preguntarse por la legitimidad de un gobierno democrático que decide unilaterlamente atacar, acabar y eliminar a su par que, recordemos, también ha sido elegido con un respaldo mayoritario de los electores en las urnas.

Es decir ¿cómo puede arrogarse un ejército mandado por un gobierno democrático la capacidad para arrestar, sin más, a representantes de otro gobierno tan legítimamente elegido democráticamente como el atacante? La respuesta a esta pregunta es que la acción de Israel vulnera el suelo básico sobre el que se sustenta el derecho internacional y, no lo olvidemos, el derecho, la independencia de la justicia, es un de los gandes pilares sobre los que pivota la legitimidad del orden democrático.

Para superar esta contradicción, a Israel no le queda más remedio que considerar que el gobierno de Hamás es, por principio y por sistema, un gobierno terrorista. Así, sin más. Un gobierno que se asienta en un colectivo que en el pasado inspiró acciones terroristas contra el Estado y los ciudadanos de Israel, sin cuestionarse cuál fue la respuesta del Estado agredido. Y, sin preguntarse, obviamente, cuáles son los límites territoriales sobre los que el Estado de Israel establecía su soberanía.

Aquí hay varios matices y una amplia escala de grises, puesto que as partes en conflicto pueden tener razón, pero no tiene toda la razón. Puede establecerse un símil con la publicidad: todo lo que dice es verdad, pero no se dice toda la verdad. El primer matiz que hay que tener en cuenta para comprender bien la desproporcionada actitud de Israel en la ocupación con los tanques de Gaza es si ataque está justificado. Cierto es que la respuesta de determinados grupos extremistas en Palestina exigiendo la liberación de los prisioneros de las cárceles de Israel representa un disparate: no es un objetivo realista. No al menos a corto plazo, pues el asunto de los prisioneros está como se sabe, en el fondo de las muchas negociaciones con mediadores internacionales mantenidas por las partes en litigio. Pero la respuesta, insistimos, de Israel a la causa del soldado secuestrado, es a todas luces desprorcionada y queda deslegitimada en un ataque en toda regla al gobierno palestino, incluyendo las reiteradas amenazas no sólo al presidente del ejecutivo, Ismail Haniya, sino al propio Abbas, al que no se le reconoce tampoco legitimidad.
Pocos días antes de este nuevo casus belli y de la incursión en Gaza, Fatah y Hamás habían llegado a un preacuerdo. Muy precario, de acuerdo, pero iniciático y esperanzador en el sentido de que se caminaba hacia una normalización dentro de la ANP y del fin de los desentendimientos entre partidarios de Hamás y Fatah. Asimismo, desde que alcanzó el gobierno, Hamás se ha cuidado muy mucho de reducir a la mínima expresión cualquier ataque de sus elementos más extremistas hacia Israel, y todo ello pese a que el reconocimiento del Estado de Israel aún está lejos, pero todo es alcanzable si las contrapatidas son generosas.

Además, el ataque de los tanques israelitas y el endurecimiento del gabinete Olmert, con la connivencia del otrora más flexible Partido Laborista, coincidió en el tiempo con el calendario de las primeras reuniones en el seno de la ANP. Práctiamente, sucedió a raiz de la primera reunión entre Haniya y Abbas. Y este punto es importante, porque del cónclave no salía sólo una presión a Hamás para que aceptara a Israel, así como un compromiso de Fatah para que contuviera también a sus elementos armados y exigiera contrapartidas, como la liberación de presos y el retrorno de Israel a las fronteras anteriores del 67, sino que lo más relevante que nacería de esta reunión era crear un marco de estabilidad dentro de Palestina que diera fuerza a sus estamentos para exigir reivindicaciones en el exterior.

Es decir, se trataba de llegar a un entendimiento de puertas adentro para hacerse más fuertes, lograr méritos ante la comunidad internacional y realizar progresos dentro de los territorios ocupados para posteriormente exigir su liberación. Básicamente se trataba de que Fatah se dejara de medias tintas y reconociera de una vez los resultados electorales que llevarona a Hamás al gobierno, convencer a los radicales que cualquier ataque, por mínimo que sea, conra Israel va en contra de las aspiraciones de Palestina, hacer un frente común para contrarrestar la crisis financiera de las arcas públicas y trabajar conjuntamente para, administrando las ayudas y con el aval de Gaza tras el desmantelamiento de las colonias, luchar por la pacificación en los territorios controlados por la ANP favoreciendo el desarollo económico de los palestinos en un marco de normalización política y social. Es decir: se trataba de construir un Estado con lo que tenemos para después reconstruirlo con lo que deseamos y con toda la legitimidad del mundo, puesto que estamos haciendo las cosas bien. Una especie de nosostros hemos hecho nuestro trabajo, ahora os toca vosotros, en un claro llamamiento a otras potencias y a la misma Israel, a la que le tocaría demostrar que efectivamente quería un nuevo orden la zona a medio y largo plazo.

Pero en este contexto, la situación, una vez más se torció, muy posiblemente porque había elementos armados, grupúsculos que se niegan por sistema a cualquier concesión y no necesariamente controlados por las estructuras tradicionales palestinas que veía en el consenso palestino un peligro a sus histórias reivindicaciones y a su lema de guerra permanente a Israel, lo que ha tenido, multiplicado por mil, su correspondiente respuesta en el frente israelí. Sólo que aquí la acción armada está propiciada por el Estado y ordenado por un gobierno tan democrático como el que derivó en el ascenso al gobierno de Hamás, ansioso de obtener el plácet de la comunidad internacional y dispuesto a dar los pasos oportunos para ello pero sin tiempo, por el recrudecimiento del conflicto, para lograrlo.

Categorías:Uncategorized

Podría ser peor…

04/07/2006 7 comentarios

Ya se sabe, mal de muchos…No, no me refiero a la eliminación de ‘La Roja’, ahora que Argentina o la mismísima Brasil -también a manos (mejor dicho a pie, al pie del Flautista de Hamelin)- han hecho las maletas del Mundial de Alemania y, además, en Cuartos, esa frontera mágica, esa hiperrealidad que nuestra (sic) selección es incapaz de superar… sino a la cuestión nacional de la Vivienda.

Para mí, esto sí es una cuestión de Estado. De hecho, arrebata el privilegio en el orbe de las preocupaciones de la gente al problema del terrorismo.

Pero, hete aquí, misterios de la vida, que nuestro adiós al Mundial no se ha traducido en un franco retroceso del precio de los pisos. De hecho, nada tendría que ver el tocino con la velocidad, salvo en lo que respecta al impacto social de ambos asuntos.

Veamos. La ministra de la Vivienda, doña María Antonia Trujillo, nos ha advertido de que la cosa podría ir peor. De hecho, la cosa fue a peor. De hecho, en el principio de los tiempos fue peor. Pero permítame decirle que, sinceramente, no vislumbro el final soñado, esa arcadia feliz de pisos de 100 metros a 200.000 trompos (pesetas, no eros, claro).

Está claro, la vivienda no es un mercado normal, dicen. Pues si no lo es, que haya más intervencionismo. Del duro y sin anestesia. Ponga el Estado, por decreto, un límite de precios según un baremo de superficie y calidades y santas pascuas.

Como la medida es exrema y no favorece ni a la propia administración, seguiremos asistiendo, perplejos, al espantoso bailoteo de cifras que nos recentan esas sociedades de tasación y registradores aficionados que copan los halls de los hoteles para la representación fúnebre del anuncio del mal a la opinión pública por la vía de lo publicado.

Socialícense, háganse a la idea del galimatías de un mercadeo -ni siquiera mercado ya- donde, a pesar de que la oferta supera la demanda, los precios no bajan. O, al menos no bajan, como deberían. Y, por supuesto, donde una subida, no precisamente magra de los tipos, tampoco se traduce en un atenuamiento de los precios.

No se preocupe, oiga, Podría ser peor. Todo podría ser peor. El fin del mundo -si lo hubiere- podría ser peor. Hasta la ministra nos lo recuerda, mientras Aragonés renueva en el cargo.
¡Que alguien llame a Valle!

Categorías:Uncategorized
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.