-Acabar con Hezbouallá no deja de ser un objetivo irrealizable. Israel sabe de la imposibilidad del objetivo, pero lo mantiene como coartada para la extensión de sus ataques.
- El uso de la fuerza armada para instrumentalizar el legítimo derecho a la defensa pone de relevancia dos aspectos fundamentales: su ineficacia intrínseca y la obligada extensión del derecho invocado por los países en litigio, caso de Palestina y Líbano.
- La nefasta indecisión y tibieza de la comunidad internacional sólo puede tener un objetivo explicable: el miedo a la internacionalización del conflicto. Pero la falta de diálogo con Siria e Irán representa todo un error de estrategia. El deterioro de relaciones con ambos países representa todo un hándicap en la situación actual.
- Esta ausencia de una intervención decidida de la comunidad internacional puede, sin embargo, provocar una implicación más decisiva de los países de la región, a medida que aumente la presión interna en estos países. De este modo, la falta de implicación puede derivar en protestas internas auspiciada por elementos extremistas, aunque no sólo, y cuyas consecuencias son, a priori, no pronosticables. Este protagonismo de grupúsculos islamistas, disfrazados bajo un lógico sentimiento de solidaridad con Líbano o Palestina, provoca temor en países como Egipto, Jordania o Arabia Saudí.
- La estrategia de EEUU, basada en un apoyo indiscutible en Israel para que prolongue su acción militar, constituye un elemento más en pro de la desestabilización de la zona, amén de los daños humanitarios que está produciendo, con un cierto desequilibrio de cifras en contra de Líbano, el conflicto abierto hace una semana, aunque ciertas escaramuzas anteriores avisaban del estallido de la guerra.
- El actual gobierno de Israel, con un partido y un ejecutivo establecido ad hoc para delimitar sus fronteras mediante una serie de desmantelamientos en los territorios ocupados, a cambio de fortalecerse en determinadas zonas concretas de Cisjordania y no discutir el status de Jerusalén, se encuentra ante un vacío de poder que sólo puede ser llenado mediante el recurso a una guerra permanente, sostenida y con diversos grados de intensidad. Por desgracia, puede que el futuro inmediato del gobierno, es decir, su justificación provenga de la necesidad de mantener un conflicto, aunque sea de baja intensidad, con los territorios fronterizos y con la vista puesta en una dialéctica de intervenciones puntuales y amenazas recíprocas con Siria y, sobre todo, Irán.
- Por desgracia, la campaña militar israelí y su patente grado de desproporción, dígase lo que se diga y se disimule como quiera, puede propiciar una alianza, otrora remota, entre facciones chiítas y organizaciones yihadistas. Aunque los atentados en territorio irakí demuestran que existe una guerra civil de facto entre ambas facciones, no deja de ser posible una colaboración alimentada por la necesidad de combatir un enemigo común. Es más, los primeros tiempos de la insurgencia tras la caída de Saddam puso en evidencia que esta asociación es factible. De hecho la creación de un status quo de paz precaria una vez pasen los momentos álgidos del conflicto, la desestabilización reinante, incluida la fragilidad el ejecutivo libanés, puede facilitar este tipo de movimientos.
- El establecimiento de un diálogo con cesiones importantes por parte de Israel, tanto en su frente norte como en su frente sur, lo cual incluye la aceptación de la legitimidad de Hamás y un compromiso en pro de la creación de un Estado Palestino es vital para otorgar estabilidad a la zona. Asimismo, y con el apoyo de la UE, de la ONU y también de EEUU, tanto Hamás como el gobierno libanés deben colaborar en el control de facciones, grupos y tribus susceptibles de perpetuar un conflicto armado con Israel. Por tanto, se debe trabajar por una incorporación al aparato del Estado de estos grupos no estatales, movimiento fundamental para alcanzar una tregua verdadera sobre la que construir el desarrollo de Líbano y Palestina en un entorno de paz.
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Hola, Jesús.
No entiendo a que te refieres con que la indecisión y tibieza internacional podría responder al miedo a la internacionalización del conflicto. ¿No sería más bien una condena tajante de Israel la que podría impedir que esto se extienda no sólo a Siria e Irán, sino también a las “calles árabes” e incluso a los aliados chiíes de Estados Unidos en Iraq? La tibieza sólo despierta rencor, salvo en el caso de países con una acérrima enemistad y persecución del chiismo como Arabia Saudí. Habría que saber también lo que piensan los saudíes de a pie y no la corte faraónica de Abdulá, que son los únicos que están expresando su opinión en los medios saudíes que tan férreamente controlan. Leyendo los blogs libaneses estos días, he podido comprobar cómo las posturas se van radicalizando y la condena de la comunidad internacional es cada vez más virulenta incluso por parte de aquellos que critican duramente a Hizbolá. Arabia Saudí se lleva una de las peores partes.
En mi opinión, la “tibieza y la indecisión” responden una vez más a ese mal endémico llamado “docilidad”.
Un saludo
Me da por pensar que, entre muchas razones, Libano esta empezando a sacar cabeza.
No entiendo lo del despliegue del ejército libanés: ¿acaso tiene capacidad para hacer frente a Hezbollah? Lo único efectivo sería el despliegue de una fuerza internacional tanto en le sur del Líbano como en Palestina…claro que son “asuntos internos”, y de momento nones…
Recomiendo las reflexiones de Shlomo Ben Ami que he oído esta mañana en la SER (tangerino tenía que ser…)
Martina, la aniversión hacia el chiísmo está muy extendida, porque en el fondo es una disputa por el poder en la región, donde chiismo es minoría.
Un saludo, y a seguir con esto
Precisamente alerto del descontento creciente por encima de divisiones religiosas y políticas…y, por supuesto, por encima de una guerra que está produciendo un gran impacto mediático (muertos, destrucciones, refugiados, emigrados, desplazados…) y con consecuencias a largo plazo no del todo valoradas.
Cuando hablo del miedo a la internacionalización del conflicto, me refiero a estas valoraciones, que, supongo y espero, se esté debatiendo en el seno de la ONU y de forma bilateral.
Pero, con independencia de esto, me parece que la mecha se ha encendido demasiado y que no basta ya con una mera interposición de efectivos internacionales ni con declaraciones solemnes de condena. Lo siento, pero soy incapaz de poredecir la consecuencias, ni siquiera tengo claras las causas, aunque las barrunto. Lo que sí tengo por seguro es que si este enfrentamiento se limitara a un versus entre Israel y Hezboullá ya se habría solventado, pero hay tantos actores y tantos intereses, tantas aristas que se trasluce en la división de la comunidad internacional. Me da la sensación de que hay auténtico pavor a condenar acciones. Y no sólo las de Israel. Sencillamente, hay temor a significarse. ¿Por qué? por la complejidad del escenario, por cómo están las cosas en Irak, por la ambigüedad de Irán, porque el mismo Israel se va a pasar a piola lo que diga la UE y la ONU, porque creo que hay grupos incontrolables, desde la ortodoxia hebrea al nacionalista pro-umma unida, pasando por elementos radicales de toda condición. Y, para mayor desgracia, me parece que aquí hay actores que se legitiman y tiene su sentido de ser dentro de un escenario de violencia permanente.
Sencillamente, soy pesimista porque siempre habrá alguien que se encargará de estropear el edificio cunado está a punto de terminarse. Y me da igual quién esa ese alguien, sólo sé que existe. La clave, lo digo en el último párrafo, son las cesiones, pero del grado de éstas también depende el nivel y la fortaleza de los compromisos.
Un abrazo fuerte y cuídate
Moeh, pero es que llevamos (en teoría) una semana de conflicto y no veo las soluciones por ninguna parte. Joder, yo estaba más confiado al principio. La intensidad del conflicto bajará por agotamiento, pero luego ¿con qué Líbano nos encontramos? ¿con un teatro de operaciones, escaramuzas y amenazas entre las partes?
Sinceramente, el resultado va a ser que se ha dado un gran paso atrás. Y, probablemente, estemos asistiendo a un resurgimiento del nacionalismo, a un retroceso precísamente en los dos países árabes con democracia en la zona, Palestina y Líbano, y con un nuevo argumentario para el terrorismo internacional y, cómo no, para el terrorismo de Estado. Es el fin de un año largo de mayor estabilidad.
Un abrazo
Ahora sí te he entendido, Jesús.
Y estoy de acuerdo. El problema va a ser cómo se van a curar las cicatrices abiertas en Líbano, cuáles van a ser las consecuencias en toda la región de este punto de inflexión que ha marcado no una acción desporporcionada del ejército israelí, sino una destrucción salvaje de las infraestructuras, pero también de las esperanzas de los libaneses. Ahora mismo, soy incapaz de ver una salida.
Moeh, es cierto que la animadversión por el chiísmo está muy extendida, pero en ningún lugar como Arabia Saudí la represión ha sido históricamente y sigue siendo tan feroz.Y la población shií en Líbano ya es mayoritaria.
: http://www.elpais.es/articulo/opinion/
En cuanto a Shlomo, de quien no he olvidado su labor al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, sólo estoy de acuerdo en que no se podrá doblegar a Hizbulá. Por lo demás, su defensa del ataque y su justificación de lo que llama “daños colaterales” no se diferencia mucho de la línea dura en el gobierno israelí. En el artículo que publicó el día 18 en El País exponía muy claramente su postura, que no comparto en absoluto pese a que sea tangerino
guerra/Israel/frentes/elpporopi/20060718elpepiopi_6/Tes/
Un abrazo a los dos.
“La nefasta indecisión y tibieza de la comunidad internacional sólo puede tener un objetivo explicable: el miedo a la internacionalización del conflicto.”
Esto no significara que eres de los que se apunta a la teoria de que esto es el principio de la III GM, verdad?
En absoluto. De hecho, por ineficaz que sea, siempre reivindico la intervención internacional -y/o multirateral–, con un motivo, bueno con dos: por la búsqueda de la paz y de una solución dialogada de los conflictos y para , precisamente, poner en evidencia a quienes violan la voluntad de la comunidad internacional.
No soy neocon, sigo creyendo en la ONU y para mí no existe un choque de civilizaciones. Además, no sé del todo bien quiénes son mis enemigos ni mis amigos, me fío poco o nada de quienes unilateralmente se arrogan el derecho a defenderme de un presunto mal no clarificado y para colmo sustentado en mentiras, rechazo el colonialismo, me disgusta el nacionalismo y, por supuesto, nunca encuentro justificación para el terrorismo.
Un saludo, Paco.
Martina, el historial de Shlomo es el que es…señalaba que era una voz divergente…
La confusión, como siempre, está clarísima.
Yo tampoco creo que esto sea el inicio de una III Guerra Mundial. A ver si se pone en marcha la Comunidad Internacional (¿existe?Pregunto…)
Un Saludo a todos.