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Archivo para la Categoría "Vida"

¿Por qué se replica a Vidal?

09/11/2007 2 comentarios

El histriónico Vidal-Quadras ha removido los cimientos de la enquistada política andaluza. En realidad, sus declaraciones siguen la línea abierta por el pastor César Vidal, en sus continuas y nocturnas llamadas a la rebelión por el bien de la moralidad cristiana.

Los desmesurados arrebatos de la extrema derecha contra Blas Infante son, para mí, una cancioncilla lejana que confirma el acendrado odio que mastica esta gente contra la diversidad. (hasta el punto de que una de sus diatribas se sustentaba en que Infante se había convertido al Islam. Una falsedad en toda regla, pero que de ser verdad d ebería considerarse maliciosa per se, según estos fundamentalistas).

Todo debería haber quedado en una bravuconada más. Pero el PSOE, desde su acomodada poltrona de Despeñaperros para abajo, retoma el ritmo y la letra  de esta tontería para seguir perjudicando la figura de quien el Parlamento calificó, con no ajena redundancia, el padre de la patria andaluza.

¿Adónde vamos? La izquierda andaluza se empeña en cerrar el círculo de la patraña lanzada desde foros bien identificables e ideologizados para abundar en una proyección de la imagen andaluza construida a base de sucesos pasionales, pateras y crispación política barata.

Ni la cercanía electoral, o tal vez por esto, justifica tamaña idiocia.

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Hurras al relativismo

07/11/2007 7 comentarios

En su recientemente presentado libro Cartas a un joven español, el ex presidente Aznar recomienda a un mozo que se mueve en el mayor de los anonimatos que huya del relativismo como de la peste. Hete aquí otro gran punto de coincidencia entre Aznar y Benedicto XVI.

Política y religión, ya ven, no disimulan su alambicado mestizaje en Occidente. Sus visiones interesadas del mundo y de la vida se coaligan cuando se trata de perseguir metas comunes o de enfrentar al enemigo.

Probablemente estemos ante otro ejemplo palmario de un gran montaje: la crítica a la con-fusión entre política y religión, entre vida pública y ámbito privado, que desde las democracias liberales se suele echar en cara a los islamistas que pretenden, con mayor o meno fortuna, hacerse con el poder en todo el Medio Oriente y en una extensión cada vez mayor del continente africano.

La denuncia del dogmatismo está protagonizada, pues, en Occidente, por pro-hombres del liberalismo que, casualmente, arremeten contra el relativismo, disfrazando así su casi nunca declarada condena al esceptiscismo, el agnosticismo, la laicidad, el republicanismo e incluso la democracia.

En Cartas a un joven español, Aznar le recomienda al objeto de sus consejos que se olvide de la duda. Y que se acoja a esos grandilocuentes cimientos sobre los que se construye la civilización “verdadera”: A saber, la fe -cristiana por supuesto- y la nación. Es decir, la religión, la cultura y la política.

Con ello, nuestro recordado ex presidente recomienda que las potencias desarrolladas, ricas, democráticas y capitalistas de Occidente se acojan al endemoniado modelo que desde 1979 viene practicando Irán. O, incluso (por qué no, debe pensar nuestro ex mandatario), una pequeña dosis de dogmatismo político y de fundamentalismo religioso no deben estar nada mal si la economía funciona bien y nos hacemos ricos. Tal es el caso, por ejemplo, de Arabia Saudí, la gran y paradójica aliada de quienes propugan la lucha contra la metástais del yihadismo internacional.

Amén de las proclamas de Aznar, ahora recogidas en otro de sus recomendables libros, me ha llamado la atención unas declaraciones del cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo. Al fin y al cabo, él es Iglesia y a la Iglesia se debe. Pero su tradicional discurso moderado y tolerante ha sufrido un revés con ocasión de unas jornadas sobre católicos y vida pública. “Tenemos derecho a participar en la vida pública”, ha comentado el purpurado. Bastaría más… pero siempre que no se realice desde una perspectiva y con unos objetivos de imposición.

La Iglesia tiene todo el derecho del mundo a mostrarse como ideología, pero no se puede permitir el lujo de imponerla en la vida pública. Hable usted, pero no mande.

Claro que, cuando Benedicto XVI abre el fuego contra el relativismo, al que culpa -curioso- junto con el consumismo, el capitalismo, en ocasiones la política, también la ciencia y hasta el arte, de los males del mundo, lo que está haciendo es mostrando la insatisfacción que le produce que el dogmatismo religioso no guíe el devenir de las sociedades contemporáneas.

Con todo, la religión no puede ser descartada a la primera del debate público. Debe estar en punta de lanza. No me gustan los mensajes que pretenden relegarla a los confines más íntimos de cada uno, sino que debe ser volcada en la vida pública para ser sometida a crisis y a debate a cada momento. La sociedad debe tener derecho a replantearse las cosas, con independencia de que las confesiones mantengan sus dogmas a ultranza.

De hecho, el gran “suelo” de las sociedades, que hoy es la democracia, fue antecedido durante muchos siglos por la religión. Por eso, no debe sacarse de la vida pública a la ligera. Eso sí, abordar este debate exige, cómo no, una gran dosis de relativismo y de escepticismo, las mismas armas que emplearon los hombres contra los males emparentados con del positivismo científico.

De ahí que el joven, español o no, no necesite de recetas nacionalistas y fundamentalistas, sino de una verdadera actitud crítica ante el mundo que le ha tocado vivir.

Macdonalización de la medicina

10/04/2007 4 comentarios

De un tiempo a esta parte, los dentistas, ahora llamados odontólogos, esos mismos que prestaban sus servicios en un local arrendado al efecto y que venía a distinguirse de una vivienda por el equipamiento interior y por un letrero alusivo en la balconada, vienen expresando reiteradas quejas.

El motivo: se lamentan de las condiciones, entiéndase precios para el cliente ( o paciente, en este caso) que manejan esas perversas franquicias que proliferan por doquier y que se anuncian a bombo y platillo entre la población con un amplio abanico de ofertas en empastes, implantaciones, prótesis y vaya usted a saber qué otro tipo de operaciones más relacionadas con la tan traída y llevada higiene bucodental.

¿Qué está pasando? Sencillamente, que los modelos y los sistemas están cambiando. Y, claro, la medicina no es un coto aparte. La oferta se amplía y, desde Alfred Marshall, sabemos que un incremento de la oferta, en tanto que función creciente, conlleva una bajada de precios si la demanda se mantiene en estándares normalizados. Miren, la medicina se revela ya como una rama financiera más y los consumidores, pacientes o lo que sean se muestran encantados con la competencia. Atrás quedan consuetudinarios remilgos otrora imperantes y los desorbitantes precios que determinadas consultas quejumbrosas en el pisito del doctor en cuestión imponían a unos sufridos clientes que tenían motivos para lamentarse por partida doble: por la patología y por el coste de su eliminación.

El ejemplo de las clínicas dentales es el paradigma. Pero la transformación en la atención sanitaria incluye prácticamente a todas las ramas y especialidades, configurando un panorama que bien podríamos definir como macdonalización de la medicina. Un fenómeno que hace referencia a la proliferación de centros médicos, clínicas diversas y pseudogabinetes de atención sanitaria por las esquinas de nuestros barrios y ciudades.

Resulta muy lógico, no obstante, preguntarse si este florecimiento de la medicina privada es únicamente resultado de un incremento de la oferta, un efecto del emprendurismo que profesionales sanitarios que otrora trabajaron en la pública o recién licenciados practican al objeto de crear su propio negocio médico, por muy feo que suene el sintagma.

Es probable, pero está claro que hay mercado. La demanda de estos servicios se ha incrementado también en los últimos tiempos como consecuencia de un abaratamiento de los servicios. Es decir, que la atención sanitaria ya no es casi un lujo, como antaño, y las ofertas de seguros privados médicos copan páginas de publicidad en la prensa, en la certeza de que el número de suscriptores está al alza.

Reflexionando sobre este tema con una responsable de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía, esta técnico incidía en el incremento de la demanda de servicios sanitarios privados, dada sus ventajas de flexibilidad, rapidez y atención más o menos adecuada y garantizada. Puede tener razón, pero no tiene toda la razón. Para mí, la macdonalización de la medicina no obedece tanto a un aumento de la demanda como a una privatización creciente de la oferta, amparada incluso desde las administraciones sanitarias.

Les pongo algunos ejemplos recientes de mi tesis: incremento de conciertos entre SAS y empresas o incluso órdenes religiosas para la gestión conjunta de hospitales y centros sanitarios diversos; quejas de los profesionales de clínicas privadas por sus sueldos y la imposibilidad de promocionar laboralmente; más quejas de los trabajadores de hospitales concertados porque entienden que hay discriminación salarial respecto a lo que perciben sus colegas de hospitales del SAS; lamentos de éstos últimos por determinadas condiciones hospitalarias, con especial incidencia en las puertas de urgencia o las secular discriminación en financiación que padecen los médicos de familia…Por no hablar, de las interminables quejas de los usuarios de la sanidad pública.
Probablemente, nos alegremos en el corto plazo de que el incremento de la oferta privada se traduzca en el abaratamiento de los servicios. Eso está bien, siempre y cuando la atención sea de calidad. Como bien está que cada uno pueda elegir dónde, en virtud del pago de unas primas a una compañía o mutua aseguradora, acudir para ser tratado. Pero, insisto, la sociedad debe mantenerse alerta –y en esta tarea están muchos profesionales, organizaciones de pacientes y otros colectivos- para que la privatización de la oferta, así como su socialización (resultado del abaratamiento de costes), no venga acompañada de un desentendimiento de la sanidad pública.

No sea que con la sanidad pase como con la educación. Allí, la macdonalización endosó a los colegios públicos de barrio todos los problemas y dificultades que entraña el hacerse cargo completamente de la integración de alumnos inmigrantes y con dificultades campeando, además, con lacerantes recortes presupuestarios, mientras la concertada se permitía una exquisita selección del alumnado pese a recibir fondos públicos.

Ingenuo de mí, creía, como cantaba El Último de la Fila, que “aquellos remilgos ahora abolidos” redundarían en una mejora de la calidad la educación, la sanidad y los servicios sociales públicos. Al contrario, tengo serias dudas de que así sea. Y, no, no me convence el argumento de que la demanda así lo exige. Porque no es una cuestión de demanda, querida amiga del SAS, es una cuestión de oferta. De apuesta por la oferta privada y de desentendimiento de la vocación pública.

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¿Es lo que parece?

26/01/2007 1 Comentario

Un amigo me plantea esta mañana: ¿Están los fiscales hartos de las cascadas de denuncias por presuntos delitos urbanísticos y de corrupción que se cruzan los partidos políticos?

La pregunta es interesante, pero dejaría de ser estremecedora si no fuera porque tiene una respuesta afirmativa. Y porque, por encima de las posibles repercusiones que tiene este juego político, lo verdaderamente importante es más el mismo hecho de denunciar que el hecho denunciado.

ETA ha sido tradicionalmente un elemento central de la política informativa. No resulta difícil encontrarse diariamente con una decena de páginas dedicadas a la banda en los periódicos, un gran número de sites de internet y de blogs dándole vueltas al asunto o muchos minutos de radio y televisión rellenos a base de las acusaciones mutuas que protagonizan los partidos.

El caso es comparable a la presunta alarma social que se origina con los presuntos delitos de corrupción que se reparten por toda la geografía. Pero conviene preguntarse hasta qué punto la polémica partidista en torno al gran tema ETA o al gran tema Corrupción Urbanística penetra en el universo de preocupaciones sociales.

Me parece que hay mucha confusión en el análisis y que hay una realidad sobreconstruida que tiene poco que ver con el paisanaje cotidiano de las personas. Es más: los medios construyen realidades que luego no tienen tanta influencia social como parece.

¿Cómo se entiende, entonces, que un alcalde denunciado o incluso procesado obtenga mayoría absoluta en la concurrencia electoral posterior a la denuncia? ¿Por qué un delito denunciado sobre la base de determinadas pesquisas realizadas por el denunciante tiene que convivir con una avalancha de denuncias o querellas mal planteadas y sin fundamentos dando la sensación de que, alterando los términos, todo el mundo es culpable hasta que se demuestre lo contrario?

La expiral de judicialización de la vida política no se entiende sin la repercusión mediática que tienen estos hechos. Es el juego de la eterna sospecha: basta con denunciar para que el denunciado, con independencia del fallo judicial –que ya llegará– cargue con el insidioso peso de que es sujeto activo de un delito de corrupción.

Cualquier denuncia tiene hoy el alimento de los medios, lo que ciertamente desdibuja la frontera entre la denuncia legítima, la fundamentada, la necesaria en pro de la transparencia en la gestión, y la denuncia claramente partidista, la que se utiliza políticamente una vez que está en manos de la Fiscalía, con independencia de que ésta la deseche al cabo de unas semanas o meses. Da igual: el daño está hecho, el denunciante se ha encontrado inopinadamente con cancha mediática y cree que eso le otorgará réditos políticos. Y otra vez dará igual: como importa más el acto denunciante que el fundamento o hecho denunciado, la sentencia carecerá de valor si el denunciado no es declarado culpable o si las elecciones ya han pasado.

Pero una cosa parece clara: la cancha mediática no es casi nunca directamente proporcional a resultados positivos en unos comicios. Y me parece que esto no lo saben muchos concejales o candidatos que creen que sus sospechas convertidas en denuncia les otorgará cuotas de poder.

Es cierto que la sociedad se ‘mancha’ de los mensajes catastróficos de los medios: desde la gripe aviar hasta las “oleadas invasoras” de inmigrantes, los incuantificables robos en urbanizaciones, pasando por la violencia escolar, el mismo terrorismo o el cataclismo de las reformas estatutarias. Pero no todo es lo que parece.

Hasta el punto de que, afortunadamente, una realidad mediática construida a base de periodismo declarativo, de luchas intestinas en el seno del poder político, de mensajes de la cúpula de los partidos a su prole, de continuos ensarzamientos partidistas, de crónicas sensacionalistas sobre los recientes sucesos de Alcorcón o sobre la quema de cajeros en cualquier ciudad de Euskadi, tiene menos efectos sobre los receptores de los mensajes de lo que parece.

Por eso, contrariamente a lo que algunos creen, esa realidad sobreconstruida no tiene un correlato de tintes drásticos sobre la vida normal, sobre la gente de a pie, sobre los consumidores de mensajes mediatizados. De lo contrario, estaríamos todos traumatizados y viviendo en el peor de los mundos posibles.

Así que se me ocurren dos vacunas contra la tendencia al susto: relativismo y escepticismo.

Categorías:Vida

Air Madrid y la inviolabilidad de los mercados

18/12/2006 1 Comentario

Además de otras consideraciones, el caso de Air Madrid refleja un estado de cosas: la de cierto empresariado que considera que siempre va a obtener el respaldo de la administración en cada una de sus actuaciones.

Los responsables de la compañía aérea que ha dejado literalmente tirados -han sido ellos y no el Ministerio- a cientos de pasajeros en terminales de Madrid y Barcelona nunca creyeron en la efectividad de las advertencias de la Dirección General de Aviación Civil. Quizá porque no estén muy acostumbrados a escuchar a nadie. Ni a la administración ni, como ha podido apreciarse en la trayectoria de esta empresa, a los clientes.

Échenle un poquito de sal a la ensalada y comprobarán que existen ciertamente similitudes en el proceder de Air Madrid con otras empresas cortijeras. Creen que la administración siempre se sumará a sus intereses y cuando obtienen una resolución en contra echan mano de la presunta consideración sacrosanta de libertad de mercado para justificar determinadas actuaciones que lindan con lo ilegal.

Ciertamente, es un modus operandi que tiene cierta lógica. La lógica de que el poder reside en el mercado y no en los gobiernos, por mucho que estos sean elegidos por los ciudadanos y el primero sea un ámbito de gobernanzas de las empresas, por y para las empresas y que tiene como sujeto pasivo al consumidor.

Observen de cerca la actuación de Air Madrid y compárenla con las del inefable Paco el Pocero. Este afamado constructor, adicto a actitudes caciquiles y que se cree con derecho de pernada, mandó a sus trabajadores a manifestarse contra el Ayuntamiento del municipio toledano de Seseña por la conservación de sus puestos laborales. Además, en una exhibición de poderío folclórico, Pocero se despachó con un “quién se ha creído el alcalde” de Seseña, ese intruso que se ha propuesto obstaculizar el disparate ecológico que ese revival de Señor de la Guerra, Paco el Pocero, quiere materializar levantando una ciudad nueva en el municipio.

Si tienen las aspirinas a mano, abran el cajón. Con la lupa en la mano y tirando de la manta, uno se encuentra con otro paralelismo: el del rechazo de cierto sector empresarial andaluz al Plan de Ordenación territorial de Andalucía (POTA). Ya saben, ese instrumento judeo-masónico-intervencionista-marxista-leninista que impide que los PGOU de los municipios andaluces incluyan un incremento residencial por encima del 30% y un crecimiento poblacional por los alto del 40% con respecto a la puesta en marcha de los ordenamientos urbanísticos de nueva aplicación.

De hecho, no hace mucho tuvimos que desayurnarnos con las muy pocas halagüeñas previsiones del presidente de la Confederación Empresarial Andaluza (CEA), quien hablaba literalmente de “desastre” para la economía andaluza (habrá legiones de parados, nos advierten) como consecuencia de la aplicación del POTA.

Miren por donde, ahora resulta que, en lo referente al ladrillo, los catastrofistas ya no son esos ecologistas de alada imaginación que sólo ven destrozo ambiental por todas partes, sino esa clase empresarial que exige de la administración que no meta sus narices donde no debe. Al fin y al cabo, no dejan de ser solidarios, pues saben que la cosa huele mal, muy mal.

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La muerte de la Sociología

En el instituto lo leía con fruición. Probablemente, con los años, he ido ganando en ingenuidad. Hace poco me he topado con un artículo suyo, en el que hace un llamamiento a la resurreción de la Sociología. ¿Pero es que murió la Sociología? Si no es así, ha estado a punto. Ha llegado la hora de reflotarla, de redimensionarla, de fortalecerla como disciplina, en un mundo donde lo sistémico está dejando paso a la individualización. Repensar la sociología como forma de interpretación de la realidad requerirá de despojarse del ambicioso objetivo que cruzó el XIX a la búsqueda de mundos ordenadamente posibles y de soluciones homogenizantes. Redimensionar la socilogía conllevará, al mismo tiempo, remangarse y ponerse a escarbar para redescubrir, desde lo social, nuevos valores enterrados por el Fundamentalismo de Mercado. Hete aquí una nueva tarea para la izquierda.

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El banco

08/09/2006 5 comentarios

Ahí está el banco. ¿Qué diablos de mecanismos confabulan para que haya alterado el uso que yo hacía de mi banco? ¿Por qué ahora me apetece sentarme ahí, quedamente, aun a pesar del sol -nunca tengo calor- a leer un libro? Sí, precisamente ahí…ahí donde antes te fumabas un petardo con los colegas o le comías la boca a tu novia.

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Pero no. Este ya no es mi banco. No sé que autoridad mandó arreglarlo, no sé en virtud de qué compromiso alguien se ha arrogado el derecho a sustituir el tablero y el respaldo, a quitarle los típicos corazones labrados a fuerza de meter bien la navaja en la madera, la marca de la grasa de la moto del Trola, el spray rojo con SFC 1905 de Cótor…¿quién dijo que había que ponerle esos cuatro hierbajos por lo alto del pasillo del parquecito? ¿quién me indemnizará por este ultraje?

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El abrazo

22/05/2006 6 comentarios

Principiando la canícula, pasé una deliciosa tarde de domingo en compañía de Francisco Ayala. Me leí del tirón una recopilación de relatos del granadino, que, bajo el sugerente título de Mi ventana al mundo, culminaba con una recreación de las vicisitudes del libertino rey Pedro I el cruel.

Es un relato circular, que se inicia y termina con el abrazo simbólico de Pedro con su hermano bastardo Enrique, el conde de Trastámara, a la sazón hijo de Leonor de Guzmán. Abrazo, por otra parte, que nada tuvo de amistoso, pues se resolvió con la empuñadura de un puñal que acabó, en solemne y frío acto vengativo, con la muerte del rey que fuera, cual significado antecedente de Alfonso XII, amante de la vida nocturna de Sevilla, de sus personajes, fiestas, prostitutas, viandas y otros vicios de la otrora precaria corte castellana.

Justo el día antes, el sábado, me asomé a los Reales Alcázares sevillanos, esperando fundirme con la extraordinaria figura del Ibn Jaldún, gracias a una ambiciosa muestra que intenta recrear el devenir histórico de un periodo de confusión caracterizado por imperios en formación y la ausencia de estados. Un siglo XIV que coronaba el papel central del Mediterráneo, a la espera de ser revelado, durante las siguientes centurias, por el siempre temido atlantismo.

Sabemos por los legajos de la época de la reunión de Ibn Jaldún con Pedro I el Cruel, con quien se encontró en la residencia oficial del rey castellano, los mismos Reales Alcázares que, en toda esta historia, dejan de ser significantes para emerger como significado histórico, en una época con muchos y diversos centros de poder. Un encuentro entre el filósofo musulmán que viviera en la vecina localidad de Carmona y el sempiterno amante de María de Padilla, en lo que fue en la encarnadura de una forma, para la época, herética de entender las relaciones internacionales, al basarlas antes en el entendimiento que en la lucha, subvirtiendo así el orden entonces lógico de las cosas.

Al final no llegué a visitar la exposición conmemorativa de la reconocida figura de Ibn Jaldún. Me entretuve demasiado y lo dejaré para otro día, con más tiempo y más tranquilidad. Es una muestra que exige reflexión y análisis. Es una exposición que nos enseña que siete siglos no es nada.

La culpa de la demora la tuvo la Feria del Libro de Sevilla, que este año se ha celebrado en la Plaza del Triunfo y en la fernandina Plaza de la Virgen de los Reyes, ya que –¡oh sorpresa!– hay obras en la Plaza Nueva, entorno elegido otros años para la colocación de los diversos stands editoriales.

No quise pararme demasiado en el recorrido de los puestos, caracterizados como casi siempre por la coincidencia de los títulos y por la sobreabundancia de una literatura de bulto que, ciertamente, me hastía, aunque siempre hay sitio para lo insólito, si es que esto existe.

Lo mejor, en cualquier caso, fue la conversación que mantuve con Eva Díaz Pérez, que acaba de publicar Hijos del Mediodía, un recorrido por las vanguardias sevillanas, caracterizadas por su locura de amor hacia la ciudad-madre que por su adhesión a cualquier tipo de movimiento universalista. Y es que, como hablábamos, ni siquiera Cansino-Assens se libró de esta bendita esclavitud.

Eva se encuentra en un periodo de profusión creativa que le sirvió para parir Memorias de Ceniza, un hermoso libro que desentraña el poco conocido foco protestante del monasterio de San Isidoro del Campo, radicado en la localidad sevillana de Santiponce, muy cerquita de Itálica. El tema nuclear del libro nos sirvió para conectarlo con el famoso El hereje de Delibes, donde se trata con detalle la labor del núcleo protestante castellano y focalizado en Valladolid y, a partir de aquí, abordar el problema de la subversión en periodos históricos caracterizados por una centralidad del poder.

Y es que uno intenta explicarse por qué el protestantismo germinó más en la cerrada Castilla que en el ecléctico Levante y Aragón, más proclives al contacto con nuevas tendencias.

Quizá, la culpa la tuviera el Atlántico y, con él, una nueva concepción del mundo, muy distinto entonces a la distribución de poderes que abordaron, en aquella conocida reunión en los Alcázares sevillanos, un rey subversivo y un filósofo universalista.

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BBVA, ¡selección!

17/05/2006 2 comentarios

Hoy entré, cosa rara porque estoy más pelao que un chino, en una sucursal bancaria. Aprovechando que tenía algo de cash y había por ahí alguna que otra cuenta pendiente sobre la que pesaba ese horroroso sintagma -vía de apremio-, conseguí abrir la puerta-fortaleza de un banco y entré.

Lo mejor era el aire acondicionado. Uf, llevaba lo menos dos kilómetros andando y hace un calor húmedo en Sevilla esta mañana que te acrecienta la sensación de cansancio que me produce la primavera.

Bueno, pues eso. Que estoy alllí esperando religiosamente mi cola para pagar, también religiosamente, el dichoso recibo y me encuentro con que la cajera, una chica de unos 20 años o así que seguro estaba de práctica ganando unos 200 euritos al mes, rompe a llorar. Y, con sus lágrimas, humedece todo el incontabnle papeleo esparcido por su mostrador de trabajo.

Fuera un ataque de crisis, una rabia incontenida o una explosión de stress, el caso que esta joven Magdalena bancaria no paraba de llorar reposando su cabeza sobre sus manos, ante la incredulidad de que quienes asistíamos al filme, o experiencia religiosa, desde nuestra paciente cola.

La chica, tras tranquilizarse un poco, razonaba que se encontraba bastante agobiada con tantos trámites, gestiones y papeles, con tanta reivindicación clientelar e infinitas peticiones de la jefatura. Al menos, eso es lo que se traslucía de la muy poco íntima conversación que jefe y empleada, sí jefe y empleada, mantenían en el despacho (sic) del primero.

Para entender un poco más la escena, un poquito de contexto nos vendría bien. Sólo dos ligeras impresiones:

a) FG, presidente del BBVA: "Detrás del libre mercado no hay nada" sobre el asunto de los fondos de pensiones en las petroleras que operan en Bolivia.

b) Los bancos crean en España un empleo por cada 1,7 millones de euros de beneficios, según Ausbanc.

Categorías:Vida

Te quiero, Portugal

26/04/2006 1 Comentario

Ayer, Radio 3 nos deleitó con un recital de canciones de Zeca-Alfonso, el cantautor de la Revolución de los Claveles, ese levantamiento incruento destinado a sellar el tránsito de Portgal hacia la modernidad. O mejor dicho, hacia la contemporaneidad de un mundo en constante cambio y donde un sistema democrático es norma básica de un pueblo para prosperar.

Treinta y dos años después, España sigue teniendo una deuda con Portugal. La deuda de la atención. El secular débito de una consideración disminuida hacia nuestros vecinos, pero también compadres lusos, pácticamente nuestros hermanos portugueses.

Ni siquiera fuimos capaces de mirarnos en el espejo incruento de los claveles, quizá fuera por las resonancias marxistas de las creaciones de Zeca, el cantautor del proletario, el cantautor protesta que sirvió de consigna para la movilización potuguesa. La labrada desconfianza hacia el marxismo incubada durante la Dictadura de Franco provocó que el tránsito a la democracia en España fuera por otros derroteros y que una vez más el ejemplo de Portugal se soslayara bajo un absurdo complejo de superioridad. Un imaginario que rezuma hasta un racismo no disimulado para con el pueblo que habita más allá del Guadiana y el Tajo.

España no tuvo su Zeca-Alfonso, porque ni siquiera el clásico de Hernández andaluces de Jaén, aceituneros altivos, supo reunir en un empeño en un imaginario común a unos disidentes que mamaban de las diferencias ideológicas y programáticas de la II Reública y que hicieron protestación de fe de su desunión cuando el enemigo murió definitivamente en febrero del 81 con el golpe fallido de Tejero, o, lo que es lo mismo, de esa burguesía, en los tiempos que corren autodenominada centrista y liberal, que confiaba en que los militares pusieran fin al tearto democrático por miedo a perder prebendas.

Y ahí está, casi 40 años después, Portugal luchando por salir de la ignominia. Sin zecasalfonsos, sino con madredeus y con el universalismo de Saramago, llamando al inversionismo extranjero, desdeñando su tradicional filiación comunista y transportándola hacia lo residual, pero al mismo tiempo intenando deshacerse de una derecha demasiado conservadora, eligiendo el modelo Cavaco aderezado con el socialismo centrado de Sócrates, despidiendo a Sampaio e intentando salir de una crisis económica que parece crónica, como su saudade.

Y ahí está Portugal, rendida al dominio británico que reina en los pueblos del Algarve, desde Albufeira a Salgados, desde Quarteira a Faro. Y ahí está Portugal, siempre intenando comunicarse, hablar y entenderse con España, que vienen a ser la misma cosa.

Te quiero, Portugal. Te quiero cuando cruzo todavía el Guadiana en ferry. Te quiero cuando camino por tus calles, recorro tus paisajes, cuando te huelo por Lisboa. Y cuando te miro desde Ayamonte. Allí estas tú. Tan cerca, pero tan lejos.

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