Sevilla sigue pagando caro el precio de su Expo. Si bien es cierto que la celebración del magno acontecimiento, con la subsiguiente creación de infraestructuras, modernizó la ciudad y le cambió la fachada de pueblo grande de los 60 que aún conservaba treinta años después, no lo es menos que hoy por hoy las comunicaciones de la capital con su entorno metropolitano son insuficientes.

En realidad -no voy a entrar aquí en niveles competeneciales para repartir responsabilidades- el problema es geográfico y la culpa es del río. Si alguien trabaja en la capital y vive en el Aljarafe o en Dos Hermanas o viceversa (partes oeste y sur de la metrópolis, en las direcciones este y norte no existe el inconveniente orográfico, pero los movimientos son sensiblemente menores) tiene que cruzar el Guadalquivir.

Normalmente se hace por puentes. Bueno, en realidad tengo por ahí un par de amigos que lo hacen a nado por aquello de que son triatletas y les sirve para entrenar, pero insisto, el grueso de las comunicaciones entre la capital y los municipios aledaños se realiza por los puentes, desde el de la Barqueta o el Alamillo (parte norte) al Quinto Centenario o Reina Sofía (sur y oeste), sin olvidarnos del de Chapina.

Básicamente, de la ciudad se entra y se sale (no me detengo en los movimientos interiores) por puentes, de los cuales los tres que soportan más densidad de tráfico fueron construidos a finales de los 80 y con motivo de la Expo.

Pero el parque automovilístico no es el mismo que en el 92: los atascos son corrientes en los nexos comunicativos que protagonizan los puentes y la SE-30 se asemeja más a una carretera comarcal que a una autovía, sin contar que hay un tramo, el que discurre desde la Gota de Leche (parte oeste) hasta el Hospital de San Lázaro (norte) que ¡tiene semáforos! Sí, lo han leído bien: ¡una autovía con semáforos!

No, no quiero alejarme del fondo de este post, que no es otro que relatar la ingeniosa idea de tres vecinos de Coria del Río que han decidido emplear su barcaza (otrora utilizada para la pesca de los famosos y riquísimos albures del pueblo de Blas Infante) para transportar vehículos.

Sí, han visto que hay cacho: que hay negocio entre los deseperados automovilistas que emplean más de una hora en recorrer , por ejemplo, los 4 kilómetros de longitud del Puente Quinto Centenario.

Como sus estresados clientes tienen que pasar el río, prefieren hacerlo con su coche a bordo de la barcaza. Pagan un eurito y medio y se ahorran “fumarse” un atasco de sombrero al mediodía o por la tarde-noche.

La barcaza, conducida por su terna de encargados espera a los sufridos conductores muy cerca del Puerto, en la zona de Tablada, junto al recinto de la feria, los turismos se montan y ¡voilá! surcan las tranquilas aguas del río más navegable de España camino de Coria del Río, un municipio aljarafeño desde el que ya pueden desplazarse sin muchos problemas de tráfico hacia otras localidades de la comarca tras librarse de los atascos concentrados en las entradas y salidas de la ciudad.

Como quiera que la demanda crece, la oferta también puede ampliarse en breve. Puede que en el futuro haya atascos de ferrys en el Guadalquivir y los ciudadanos se olviden de la la ansiada SE-40, del Paso Territorial Sur o de las línea 1 del Metro (Montequinto-Sevilla-San Juan- Mairena del Aljarafe).

Hombre, siempre queda la posibilidad de ampliar el ancho navegable del río entre Coria y Sevilla, cuestión que podía abordarse en paralelo a la prevista ampliación del dragado del Puerto. Lo malo está en que nos cargaríamos los bancos de arroz que se extienden desde San Juan hasta Isla Menor, pasando por la Puebla o la misma Coria.

Ya lo dicen mis amigos triatletas: !A nadar!

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