Estamos asistiendo, expectantes, a un nuevo movimiento popular pacífico en otra de las repúblicas ex soviéticas: Azerbayán. Un nuevo hito de las llamadas revoluciones de colores en las que la ciudadanía reivindica elecciones libres, democracia y clama por el fin de la corrupción del sistema, en la línea de las vividas en Georgia, Ucrania, Uzbekistán y que tuvieron su nacimiento en el derrocamiento del régimen de Milosevic en Serbia gracias a la acción de Otpor.

La zona tiene una gran importancia estratégica, dada su condición de puente entre Europa y Oriente, por lo que la consolidación de la democracia en los países de la región debe observarse como un paso indiscutible para terminar con la inestabilidad que desde 1989 los ha caracterizado.

Pero esos países deben reivindicar una verdadera independencia. En este sentido, la liberación del ex yugo soviético dio paso a una dominación de facto por parte de un Moscú autárquico. El salto a la democracia debe caracterizarse en la actualidad, y gracias a la genuina actuación de estos movimientos populares, en un desmarque de los intereses de USA en la zona.

Pero esto es más difícil. Y lo es porque, derivado de sus implicaciones estratégicas, países como Ucrania o la misma Azerbayán son de vital importancia para el negocio del petróleo a nivel mundial. No debemos olvidarnos de la mencionada condición de puente, que evita un control de las extracciones y flujos en gran parte del Cáucaso tanto de Rusia como de otros países productores: Irán o Arabia Saudí.

Además, un gran aliado de EEUU en la zona, Turquía, ha empezado a establecer conexionescon estas repúblicas caucásicas, con objeto de ser protagonista en la canalización del petróleo y del gas.

Por si fuera poco, la importancia de las guerrillas islamistas en la zona no es precisamente pequeña. Y no hay que descartar que, como en el caso de la república de Azerbayán, puedan recibir el apoyo de Arabia Saudí.

De hecho, una interrupción francamente realizada por estas milicias pueden estar decididas deliberadamente en Riad. Esta afirmación tiene un alto componente lógico, dada la condición de productor del país gobernado por la dinastía de los Saud, que ve en un control occidental de las extracciones del Cáucaso una competencia clara a su comercialización de oro negro.

A la vista de estos condicionantes geoestratégicos y cuyos fines y resultados son indefectiblemente muy difíciles de calcular me he acordado de la alternativa incipiente que representa el biodiésel.

Aunque pequeño por ahora, el porcentaje (8-15%) de componentes naturales de este combustible nos lleva a detener nuestra atención en futuros socios europeos, como por ejemplo Rumanía o Bulgaria.

Su incorporación al mercado europeo, su potencial agrícola, su condición de granero… todo ello combinado con una potenciación de la investigación en combustibles realizados a base de componentes naturales, desde las pipas de girasol a la soja, pasando por la colza, puede ofrecernos una clave de desarrollo que, sin duda, puede permitir un mayor margen de independencia de los oligarcas que controlan la OPEP. Tanto más cuando sabemos que sus intereses finales, basados en un control y un dominio perenne de la población, coinciden con los del terrorismo yihadista.

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