Muchos conocerán, aunque sea sólo de oídas, la famosa barriada Martínez Montañés de Sevilla, más conocida como Las Tres Mil Viviendas: un núcleo que cumple con el prototipo de barriada marginal de las gandes urbes, con todas las connotaciones negativas que ello conlleva, desde el tráfico de drogas a otros tipos de delincuencia y foco de numerosas y cotidianas intervenciones policiales para garantizar la seguridad dentro del propio barrio como de otras zonas colindantes del Distrito Sur hispalense. Pero Las Tres Mil Viviendas (su popular nombre viene del número de propiedades allí radicadas), a las que hay que sumar las 624 de la barriada Las Vegas, otro núcleo típico y tópico de suburbio marginal, con un amplio cuuriculum delictivo (asesinatos y explosiones incluidos), encierran en la pobreza de su gente una riqueza cultural de la que han nacido grandes valores del flamenco y otras modalidades musicales (me acuerdo a bote pronto de Raimundo Amador), artistas de toda rama e indole y jóvenes y menos jóvenes que le han dado la espalda a la droga y a la violencia y ahora disfrutan incluso de una carrera universitaria, mientras se encargan de sacar petróleo de la marginalidad aprovechando el potencial de las personas, sean gitanos, payos e inmigrantes y eliminar la delincuencia de su barrio de toda la vida. Un fuerte y decisivo intervencionismo social protagonizado tanto por administraciones como por hermandades, tanto por la Universidad Pablo de Olavide como por asociaciones de vecinos del Distrito Sur, tanto por voluntarios sociales como por agentes de la Policía Local y la Nacional, unas veces de uniforme y otras sin ellas y en sus horas libres, tanto por sindicatos como por colegios profesionales, tanto por educadores de calle como por deportistas preocupados por el futuro de esta gente y que dirigen escuelas deportivas… todo ello ha propiciado que las Tres Mil esté progresivamente quitándose el ominoso cartel de “aquí no hay quien viva” que durante unos cuarenta años ha caracterizado esta barriada tan sevillana. Y todas estas acciones -más planes de integracion, escuelas taller, apoyo escolar y rehabilitación de viviendas y espacios públicos, así como la instalación de la residencia universitaria Flora Tristán- están siendo coordinadas por el Comisionado del Polígono Sur , mi estimado Jesús de Maeztu, cuyo trabajo y el de otros cientos de sevillanos empieza a ver sus frutos en forma de disminución drastica de episodios delictivos y traducidos en una mejora e las condiciones sociales y de habitabilidad de los vecinos. Y dedico este post a Jesús y a toda la güena gente der polígono para darles las gracias por su labor desinteresada. Porque, visto lo visto , Sevilla no es París. Ni nadie de los que están en este “marrón” son ese gran prohombre liberal apedillado Sarkozy. Menos mal.

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