¿Es Blair el caballo de Troya de la administración Bush en Europa? A la luz de su apoyo incondicional a la guerra en Irak y a su diseño de la Europa del futuro, marcada por el predominio de lo económico sobre los políticos, a base de recetas privatizadoras, librecambistas y neoliberales, queda meridianamente claro que el premier británico tiene una idea de organización continental que se asemeja a la de su homólogo américano.

Pero la concepción europeísta de Blair y Straw no obedece sólo a planteaminetos macroeconómicos y macropolíticos emanados de la ola neocon que rodea a la Casa Blanca. Obedece, más bien, a lo que ha sido y, por tanto es, la más fiel tradición británica en los terrenos de la economía y la políticas.

Es decir: democracia bipartidista y liberalización económica. De modo que en el país donde nació la democracia como sistema representativo y el sindicalismo como medio de difusión de las reivindicaciones de la prole, ambos fenómenos se encuentran en una diatriba revisionista para consagrar el presunto derecho inalienable a la propiedad privada y a la libertad individual. Esto en el siglo XXI se llama mercado libre.

Es pura filosofía. Pura tradición calvinista la que guiará la presidencia británica de la UE.

Es un concepto.

Un concepto que guía actuaciones.

Propósitos incontestables, imparables, inalienables. Un manual de economía de mercado que deslegitima cualquier intervención administrativa reguladora de los flujos comerciales y huye de cualquier suerte de proteccionismo.

Para Blair, la construcción política de la UE no tiene sentido. Tampoco para Bush.

Lo importante es construir una Europa fuerte desde el punto de vista económico, que la constitución continental pivote sobre la idea de mercado, descartando cualquier instrumento político que , para colmo de males, se arrogue la posibilidad de tener un papel en el mundo con una voz unida de más de una veintena de países.

Europa debe, a los ojos del premier británico, constituirse como un voraz mercado que tenga como socio privilegiado a los EEUU.

Para amortiguar, así, el creciente peso económico de China.

Y de India.

Pero el doctor Jekyll tiene su correspondeinte Mr. Hyde.

Mientras Balir defiende una Europa fuerte económicamente, donde las finanzas primen sobre la política, mantiene un discurso de condonación de deudas que trasladará al G-8 y que forma parte de su compromiso para el desarrollo de ?frica.

Vaya lo uno -la destrucción de la unión europea- por el reforzamiento de los lazos con el Tercer Mundo, para lo que busca recabar apoyos en EEUU.

Pero la limosna de Blair y de su popular ministro Brown es insuficiente.

Sólo hay que oír a las ONG. Un somero repaso a su informes aumenta las dudas sobre las presuntas buenas intenciones del gobierno de Downing Street.

Porque el subdesarrollo no se soluciona con medidas exclusivamente económicas. Hacen falta medidas políticas. Esas misma medidas que tanto disgustan a Blair.

Y, en este sentido, encontramos un esclarecedor artículo de Carlos Sebastián en el rotativo económico Cinco Días, cuyo párrafo esencial reproduzco aquí:

“El subdesarrollo no es la consecuencia de una deficiente organización económica internacional, ni siquiera del vergonzante proteccionismo de los países ricos. Pese a la evidente falta de capacidad financiera de las economías subdesarrolladas, no es la insuficiencia financiera la principal causa de su estancamiento, por lo que la solución no es proporcionar fondos a esas economías. La principal causa del subdesarrollo es la ausencia en esos países de incentivos para la actividad económica, ausencia propiciada por unas instituciones depredadoras: la falta de seguridad jurídica, la burocracia pesada y corrupta, el clientelismo político como modelo de relación pública, etcétera”.

Compromiso político. Compromiso global.

¿Se hablará de esto en la cumbre del G-8 en Escocia?

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