La macrohistoria cruenta de la guerra se escribe a pequeños trazos: los conformados por esas pequeñas escenas –familiares. incluso– manchadas de violencia de la vida cotidiana de un entorno bélico. Por eso, la guerra -aunque no sepamos concretar una definición del fenómeno- no sólo se libra entre ejércitos, entre profesionales, digamos, del matar y del morir.

‘El Polvorín’, el magnífico filme serbio-francés nos conmueve al advertirnos de nuestro inopinado protagonismo en el conflicto.

Nos deja en bandeja lo que sólo nos habíamos aventurado a barruntar: que la crisis bélica es un crisis que, por encima de todo, afecta a la personas, por encima de instrumentos, llamésmosles sociales o culturales, tan sumamente convencionalizados como el territorio, la nación, la raza o la religión.

La guerra es, ante todo, una crisis. Recordad a D’Annunzio.

Y el campo donde se batalla es la calle. Eso fue Belgrado. Y, con crudeza, Sbrenica y su matanza. La matanza de Sbrenica, un trágico sintagma que ha pasado a la historia de Europa. Y mancha y ennegrece al continente.

La Guerra de los Balcanes.
Tenía que pasar, que suceder…
Era inevitable…

“Los Balcanes son el culo del mundo…”, relata uno de los personajes de una película donde no hay héroe ni antihéroe. Donde cada uno es protagonista de su historia. Y de la propia guerra que libra con los que tiene alrededor.

Aquí está la fuerza dramática de una película tan real como la guerra misma.

De una película donde el hilo conductor, por supuesto, es la violencia. Como en la guerra.

Violencia gratuita.

Y violencia que genera más violencia.

Cada uno de sus personajes, cada uno de los ciudadanos de ese Belgrado del 95 disponía de su propia historia de tragedias. Sobre cada uno y sus familias sobrevuela el terror a una conflgración que se libra en algún sitio, pero que se hace presente en todas partes.

Y casos en los que la violencia es gratuita, en el páramo balcánico de los 90.

Sobrevivir, esa es la cuestión, en un sitio y en un momento donde la vida vale menos que un pitillo. En un mundo donde cada uno de sus habitantes tiene los ojos manchados de lágrimas y las manos sucias de la sangre del otro. Aunque ese otro sea un familiar lejano, un amigo de toda la vida, o tus propios padres.

Todo sería un mal sueño, sino fuera porque El Polvorín nos pone sobre la mase una cartas con muchas claves para entender la complejidad del mundo real.

En la guerra, como en la vida, el hombre es el peor enemigo del hombre.

Ni valores.
Ni sentimientos.
Sólo odio.

Y todos responsables. Todos, con culpa. Todos mancillados y con el alma destrozada. hecha un páramo.

Tal y como quedó Sbrenica.
Tal y como quedó Sarajevo…

Anuncios