Si con alguien estuvieron las meigas este fin de semana compartiendo mesa, mantel y césped, ese alguien fue el Real Club Celta de Vigo, que consumó su ascenso en pleno fin de semana electoral gallego.

Pero las brujas nos han jugado una trastada de las suyas con las encuestas.

Para mí, el ganador de las elecciones gallegas ha sido el PP. Y ha habido dos perdedores. Uno grande y otro menos grande. Este último es el BNG. El primero, los sondeos de opinión y su consecuente crisis de fiabilidad.

Gracias al desbarajuste coincidente de las encuestas, los 37 escaños, a falta del recuento del voto inmigrante, saben a gloria a Fraga y los suyos.

Por lo que parece, los únicos que no se han equivocado han sido los sociólogos y estadísticos de la calle Génova.

O sí.

Porque , si bien ellos no contemplaban el descalabro electoral del que hablaban los estudios de opinión y las encuestas israelitas, sí alardeaban de que el PP repetiría la mayoría absoluta con cierta holgura.

Y apunto están de perpetuarla cuatro años más, aunque Fraga dimita en el meridiano del mandato, cosa que está por ver, claro.

En cualquier caso, nunca podremos saber qué decían realmente las encuestas que barajaban los politólogos a sueldo en Génova.

Porque no van a decir, días antes de las elecciones, que Fraga iba a perder la mayoría absoluta. Esto es evidente.

Y no sabemos, tampoco, que se cocía verdaderamente en las cocinas electorales del PSOE y del Bloque.

Las encuestas han sido un punto de partida vital. Tan importante que ni siquiera el avance espectacular del PSOE ha llevado la alegría a los correligionarios de Touriño. Tampoco Blanco podía disimular cierto sabor a bilis conforme avanzaba el recuento.

Ni Zapatero podrá hablar, todavía, de cambio tranquilo.

Porque lo más probable es que no se produzca.

Y es que tan importante ha sido el peso de los sondeos que los 37 escaños logrados por el PP saben a gloria en el despacho de Rajoy. Las probabilidades de repetir mayoría absoluta con el voto emigrante son muchas.

Por eso no duele en el PP la pérdida de más de 100.000 votos, ni la subsiguiente rebaja de escaños.

No duele tanto como en el seno del PSOE, donde se lamentan de que el BNG haya sufrido un descalabro.

Porque, al final, los socialistas parecen que se han hecho con más votos del BNG que del PP.

O quizá no hayan subido debido al menoscabo de estas dos fuerzas, entre sí antagónicas. El PSOE se ha beneficiado de la incorporación de nuevos votantes y del aumento de la participación.

Sobre el incremento de votantes, hay que decir que tampoco ha sido tan espectacular como se pronosticaba al mediodía del 19-J. Y ese es un factor que ha jugado en contra de los intereses socialistas.

A la espera de lo que dilucidan, pues, los votos de los gallegos allende los mares, se pueden realizar diversos análisis que desbaratan conceptos tenidos por intocables.

En primer lugar, no parece que al PP le haya ido del todo mal con su cacareo interminable de que la suma de socialismo y nacionalismo trae consigo separatismo y terrorismo.

Esta estrategia, que no funcionó en los comicios vascos ni catalanes, sí ha dado sus frutos en Galicia, donde las zonas ruralizadas son muy conservadoras y muy penetrables a los mensajes algo catastrofistas del PP.

Frente a lo que opina la orquesta mediática del PSOE, este discurso del PP no parece alejar a los votantes de centro. Más bien, el PP vira a la derecha cuando se desmarca de las políticas sociales del Ejecutivo de Zapatero: matrimonio homosexual, ley integral de la violencia de género, regularización inmigrantes, la reforma educativa…

La polémica cuestión territorial le sigue funcionando más al PP que al PSOE.

En los campos de Castilla, es un decir, no se entiende el maridaje del PSOE con los nacionalismos. Y esto lo saben bien barones como Bono, Ibarra o Guerra. También preocupa al presidente del PSOE, Manuel Chaves.

La anunciada alianza PSOE-BNG para formar gobierno ha cojeado. Y lo ha hecho por el lado de los nacionalistas. La crisis interna que derivó en la salida de Beiras sí ha tenido consecuencias electorales, contrariamente a lo que decían las encuestas.

Con los réditos tan negativos de Anxo Quintana no contaban ni los propios nacionalistas, ni, por supuesto, el PSOE. El enfado de Toriño debe ser de órdago.

Al final, las elecciones gallegas se resolverán con una repetición de la mayoría absoluta del PP.

Como ya ocurriera en Cataluña, cuando CIU repitió contra todo pronóstico y Maragall tuvo que esperar otra legislatura. No obstante, el BNG no es ERC. Siguen tendencias y planteamientos muy diferenciados.

Las meigas son caprichosas y nos dicen que, en Galicia, quien pierde -PP- gana y quien gana -PSOE-, pierde.

Rajoy las tiene consigo. Porque la tradicional baraka de Zapatero no servirá para que haya cambio de gobierno en Galicia. El PP ha tomado más aire en Galicia que organizando cien manifestaciones callejeras. Y en Ferraz lo saben. Y en Génova, también.

Ahora hay que saber administrar el futuro.

Pero, sobre todo, hay que saber administrar la crisis de las encuestas.

¿El fin de la sociología moderna?

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