Mientras en Afganistán, un nutrido grupo de agricultores y mercaderes vocifera en contra de la erradicación de sus campos de amapolas, en Perú el presidente Alejandro Toledo, al que le quedan poco menos que cuatro meses en el gobierno, ha decretado el estado de sitio en varias provincias del país andino.

El ganador de las últimas elecciones en Bolivia, Evo Morales, anunciará dentro de poco que despenalizará el cultivo de coca en grandes extensiones de la nación, una medida que podría causar un gran malestar a EEUU, quien, por otra parte, ha producido enormes daños sobre tierras cultivables del continente en su apoyo a la erradicación de opiáceos.

Además, del apoyo militar prestado para lucha contra el terrorismo, Colombia, de la mano de Uribe, encuentra apoyo de EEUU y también de Europa, para su proceso de desmilitarización, aunque su amnistía generalizada a los paramilitares no cuente con el plácet de las organizaciones vigilantes de los derechos humanos.

Mientras en Colombia se abren las enésimas negociaciones con las FARC, aunque haya que sumar 30 muertos más que sumar al impenitente conflicto, en Perú, el desastre político de apristas y correligionarios de Perú Posible dejan el camino expedito a Ollanta Humala.

Y Toledo decreta medida represivas ante un rebrote que él mismo descarta de Sendero, que tiene vida más allá de Guzmán.

En realidad, nos son más de 5.000 hombres.

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