Terminé el año 2005 conociendo las malas perspectivas climatológicas para 2006, sobre todo en lo que a la falta de precipitaciones se refiere. La verdad es que los pronósticos no me preocupan tanto porque más de un chalet se quede sin piscina el próximo verano, sino por cómo afectará la sequía a la economía española.

Sólo tenemos que pensar en este motor económico de primer orden. ¿Se seguirá construyendo en aquellas zonas donde el abastecimiento no está asegurado ni siquiera para el parque de viviendas actual?

Y de paso me autoflagelo pensando cómo el ladrillazo está cambiando la geografía española y sus consecuencias en el futuro. Sin ánimos de ser apocalíptico, ¿estamos asistiendo a una nueva fórmula de terror?

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