Hoy he pasado por la SE-30. Bueno, concretamente por un tramo de la autovía que…¡tiene semáforos! Es el que discurre de la Gota de Leche (parte Este de Sevilla) hasta la Glorieta Olímpica (sic), en la zona norte.

Mientras esperaba en un semáforo, he reparado en la carga simbólica de la situación, al pensar en esas limitaciones exógenas que las instituciones imponen a la libre circulación.

Y es que cada vez hay más semáforos en esa gran autovía de la red. Por ello, para evitar las sanciones, he pensado que deberíamos saltarnos esos semáforos arbitrarios e invisibles porque no hay riesgo de colisión.

Sólo un miedo extemporáneo.

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