De pasada, creo haber leído en Nuevo Digital que Rushdie encabeza un grupo de intelectuales que considera que el mundo no está asistiendo a un choque de civilizaciones, pero sí a un enfrentamiento entre democracia y teocracia.

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No estoy de acuerdo con esta idea, puesto que lo que ellos califican de estados teocráticos, si bien no son un paraíso de la democracia, más bien están dominados por gobiernos de signo claramente nacionalista, en algún caso heredero directo del nasserismo, en otro epígono del baasismo y, en muchos de los casos, bastante laicos de facto como forma de distanciarse del islamismo, al que consideran, en sus diversas configuraciones, como un enemigo que enfrentar.

Hay que tener cuidado a la hora de describir al enemigo. Y también en el momento de definir al aliado. Pues, de lo contrario puede olvidarse el carácter nacionalista de los Hermanos Musulmanes en Egipto, o la legitimidad democrática del radicalismo chií de Al Yafari en Irak o de Hamás en Palestina, comno ha quedado claro en los útimos comicios.

Cuando las ambiciones nacionalistas son vistas bajo la nebulosa de la esquematización religiosa es fácil perder la perspectiva.

Como está ocurriendo con las sangrías post-Samarra.

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