Creo que el ex ministro Trillo tiene graves problemas a la hora de comprender los beneficios de la bilateralidad. Entre ellos: amplía tus potencialidades y te hace ser más ágil en tus relaciones, lo que, seguramente, redundará en la consecución de tus objetivos. Es decir, que la bilateralidad no tiene tanto que ver con la eficacia como con la eficiencia. Pero, por lo que se ve, esta distinción no ha debido quedar clara tras esas casual lessons que hemos podido ver en la última convención del PP.

Escucho que el ex ministro de Defensa ha criticado en la ponencia del Estatut, que el redactado final de la cosa establece una relación bilateral entre Cataluña y España, afirmación que, de principio, y sin que Trillo se dé cuenta, empieza por redundar en la idea de que Cataluña y España no son lo mismo ni tiene por qué serlo.

Abunda Trillo en los vericuetos de la susodicha relación bilateral entre ambos agentes para sostener que de ella se deriva una situación de cierta ventaja para Cataluña. No obstante, se guarda de criticar si es posible que el mencionado “ayuntamiento” (Pizarro dixit) entre Generalitat y Gobierno Central es exportable, en igualdad de condiciones, a otros gobiernos autonómicos en sus relaciones con Moncloa.

Este silencio, que no sé si será administrativo, de Federico Trillo, puede ser entendible desde la óptica de quienes creen que en la homogeneidad y en la pureza está el buen gusto y rechazan de plano eso que se ha convenido en llamar últimamente como “diferentes sensibilidades”, lo que viene a ser el origen del loado concepto de “España plural” que se defiende desde el orbe monclovita.

Es decir, y sin que medien -ni nadie los mande- huevos, el PP no está por lo federal. No mola, no toca o no lo que sea, aunque luego emanen ofertas resultantes de una partida del futbolín, como esas que también han abundado en el reciente orange meeting.

Ni que decir tiene que, por ejemplo, en las relaciones exteriores la bilateralidad juega un papel primordial. ?tem más: alguien debería recordar a Trillo que su jefe selló el inicio de una guerra interminable en aquellas amigables reuniones rancheras de Texas. Entonces, Trillo era ministro de Defensa. Y un firme baluarte de lo bilateral para saltarse a piola los organismos multinacionales.

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