Alegrémonos del anuncio, abracemos la paz que se nos muestra y trabajemos para que sea duradera y ponga fin, definitivamente, a más de 30 años de miedo.

Pero hagámoslos sin reproches. No caigamos en el error de quienes, mostrando una vez más un rencor infinito, sólo observan en clave partidista el anuncio de tregua permanente de ETA.

El tiempo de los ultras ya pasó. Su mensajes es huero; está vacío. Sólo refleja la rabia de quien ha perdido una carrera estúpida por ser más radical.

No merecen más atención.

Hoy ha sido el día. Ese día esperado en el que, si miramos mucho de lo escrito y lo dicho antes, casi todo suena viejo, muy viejo. Cuando esto nos sucede, tenemos la sensación de vivir un momento histórico. 

Enhorabuena a todos los que siempre quisieron la paz. Enhorabuena, a quienes, de verdad, quisieron el esperado fin de ETA.

No es una cuestión de rédito político. Queda mucho trabajo por hacer porque gestionar la paz no es fácil. Pero, para eso, está la democracia.

Trabajemos, hablemos, negociemos, dialoguemos. En el parlamento está la solución.

Que la tregua permanente sea sinónimo de paz duradera. Si es así, y así lo esperamos, podremos dar por cerrada una transición inacabada.

A partir de ahora, podremos hablar de democracia.

Lo importante es la paz, no quienes se niegan, interesadamente, a reconocerla.

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