Uno de los argumentos que más me ha llamado la atención de lo sucedido en Marbella es el referido por los vecinos: "Esto ya se veía venir".

Sin embargo, estas detenciones de ediles en el consistorio no son nuevas en el paisanaje político costasoleño. Tampoco el oscurantismo administrativo. Ni mucho menos, su efecto pernicioso sobre la sociedad civil. Ni siquiera las propias denuncias vecinales, centradas en las acometidas urbanísticas, son un elemento reseñable por su 'novedad'. Y, por supuesto, que Marbella abra informativos o que esté en programas de salsa rosa no puede considerarse una innovación.

Entonces, es lógico preguntarse qué hay de nuevo en el caso de Marbella para que ahora sea ensalzado, a bombo y platillo, como el gran escaparate de la corrupción urbanística, de la bajeza política, de la prevaricación y el cohecho sistemáticos, y hasta de la propia intoxicación informativa.

La respuesta es que no hay nada nuevo en el caso marbellí. Ni siquiera las amenazas de la Junta andaluza de retirar las competencias urbanísticas al consistorio o las peticiones para que el Consejo de Ministros disuelva el Ayuntamiento: ya a mediados de los 90 este tema estaba sobre la mesa de dirigentes autonómicos y diputados nacionales.

Por supuesto que las detenciones, muy mediáticas por cierto, de todo quisque del consistorio me ha llevado a pensar sobre el asunto. Pero lo que realmente me ha motivado a escribir este post son unas interesantes reflexiones de José Antonio Donaire, compañero de Las Ideas.

Ya en su primer párrafo, José Antonio dibuja estupendamente de qué va su escrito:

  • "Uno de los talones de Aquiles más evidentes de la versión liberal del mundo es la geografía. Los espacios gestionados sólo por las leyes del mercado son espacios ahogados por lo que Joan Cals denomina “la tiranía de las pequeñas decisiones”. Este conflicto es aún más evidente en los espacios turísticos: Borren lo público de un destino turístico y préstense a firmar su acta de defunción. Y eso es así por la singular naturaleza de los espacios turísticos".

Es debatible, claro que sí, pero no me negarán que es estupendo. Y además, nos da la clave para aventurar qué puede haber de nuevo en tantas y tantas 'marbellas' de España. Pensándolo un poco, parece dibujado enfrente de nosotros. Lo verdaderamente nuevo sería que los culpables paragan por su delito. Quiero decir: todos los culpables.

Al fin y al cabo, la responsabilidad se ha centrado en el ámbito de lo público (políticos, tantos los actuales como los pasados, tanto los post-gilistas como los pre-gilistas).

¿Pero qué ha pasado con las empresas que diseñaron el desastre a golpe de talonario?

¿Quién ha pagado, fuera de lo público, el latrocinio inmobiliario, el desastre medioambiental y la corrupción generada en el ámbito de lo público y protagonizada, en una carrera sin fin, por los políticos de turno?

¿Quién ha respondido, desde el poder económico, en todo este proceso de catársis colectiva que se vive en Marbella y que se ha de vivir en toda la costa española?

Definitivamente, Marbella expresa la total ausencia de una ética de responsabilidad. Cuando esta se dé, entonces diremos que hay algo nuevo. Mientras tanto, a esperar.

Un consejo: esperen sentados.

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