Pues no. Y la clave está obviamente en una falla llamada especulación. Yo alucinaba, hasta ahora, con el mercado inmobiliario, el mismo que se ha encargado de hacer estallar a máxima de que, cuando la oferta es superior a la demanda, resulta lógico pensar en una bajada de precios. Pues no. Y ya saben ustedes por qué. Diana: hay especulación.

Bush anunció ayer que pondrá en el mercado petróleo en principio destinado a la reserva. La lógica del mercado nos dice que esto debe servir para que los precios disminuyan. Y así ha sido, aunque la medida rezuma un short-sight que hace inevitable la desconfianza. Diana: la especulación.

Y es que, dado que la demanda tiende a crecer, la lógica del mercado nos dice que se incentivará la oferta, haciendo rentables yacimientos que antes no lo eran. Y a medida que la demanda crezca, resultará más probable el inicio de una campaña de extracción en arenas asfálticas.

El caso es que este previsible incremento de la ofeta no conllevará una bajada de los precios, con el subsiguiente perjuicio para el consumidor y alegría de productores y comercializadores.

¿Por qué no bajan los precios si la oferta experimentará también una tendencia alcista? Súmenle en este capítulo el fomento del etanol prometido por Bush en el anterior discurso de la Nación y, por supuesto, un emergente mercado de biocombustibles, que, a buen seguro servirán para contrarrestar la reducción en la compra de crudo de los países de Oriente Medio (12% del petróleo consumido por EEUU)…

Quizá, la apuesta por el lobby en detrimento de los intereses de la población pueda darnos una clave. Es el sustrato, la arena asfáltica, la trampa, la info asimétrica que subyace bajo un discurso presidencial que nos hizo, por algún breve tiempo, pensar en un giro estratégico de envergadura.

Quiá. Fue pura especulación. 

Anuncios