Me lo temía… y ya ha llegado la confirmación. Debe ser un ejemplo más del aforismo clintoniano: It's economy, stupid. El proceso es tan sencillo como ejercer una asimilación y adorar al divergente, al hereje, al subversivo. Tan fácil como introducirlo en la dinámica comercial. Bastaba con ponerle la billetera y un papel por delante, a modo de contrato. "Firma aquí y déjate de tonterías, chaval, que tu no sabes de que va la cosa".

Cabe el chantaje, la amenaza, pero también el consentimiento, si quieren inocuo, del que quiso ser famoso y ya lo es. Del consentimiento de quien sabe que "sólo hay un camino para estar en la cresta de la ola". "O firmas o te reventamos el invento", le habrán dicho al presunto cateto.

Y de fondo otras cosas. Debe ser tremenda la presión. Tanta debe ser como para que el individuo se deje hacer, se heterodetermine y, de paso, y una vez que ha firmado, abrirse de par en par a la mofa y hasta el insulto. ¿También incluye esto el precio que hay que pagar?

"Te vamos a hacer el corral, majo", le habrán dicho. Y, entretanto, una cosa vaya por delante con apoyo de toda la coral mediático-editorial: "Internet es malo (hay piratas), tú eres andaluz, encima de la Axarquía, no has visto más que marranos y gallinas…" , eso… que "se te acabó el cuento".

Ya has llegado a Madrid, aquí no hay corrales y no se te ocurra llamar a tu "opá".

Todo eso y más. Qué pena.

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