La nueva ofensiva republicana en el marco de la nueva ley reguladora de la inmigración en USA no tiene escrúpulos. Bombardeando la línea de flotación del entendimiento entre representantes de ambos partidos en la Cámara, el sector más conservador publica su ideario supremacista, el mismo que une pureza racial con bendición divina como estructuras sobre las que se levantan las sacrosantas libertades de los americanos. Un bulo más. Pero con consecuencias políticas. En definitiva, the same song que tan buenos resultados da.

Cuando el debate de la ley está entrando en fase crítica, es preciso enarbolar esa bandera del miedo que tan efectiva resulta en los placenteros pagos estadounidenses. El mensaje es claro: los inmigrantes son, hasta que se demuestre lo contario, terroristas.

Y, en este sentido, la publicación del supuesto video con el supuesto avión de AA estrellándose contra el Pentágono, le ha venido de perlas al sector más reaccionario del PR, pues quienes atacaron América no eran americanos, pues quienes atacaron dentro de America eran no americanos que vivian en América.

Inmigración es asociada así a terrorismo, completando el círculo con una delinciuencia que no se produce ante la falta de papeles, sino más bien, y así se cierra el pernicioso círculo trazado por los neo, en presencia de papeles.

Se transmite, con esta cosmogonía, que la regularización es, por naturaleza, mala para América, pues los terroristas-inmigrantes del 11-9 contaban con permisos logrados, eso sí, por vía fraudulenta.

De manera que la nueva Immigration Act sólo sirve, a ojos del los neocons, para amparar el fraude y con él favorecer un posible ataque a América y dentro de America.

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