El próximo domingo 18 tendré el gusto -y el marrón también :)- de moderar en las jornadas efindex de Cáceres una mesa sobre blogs y periodismo, donde estaré acompañado de periodistas profesionales que, además, son blogueros (también una "aspirante" a podcastera) asiduos y me parece que entienden mucho de ambos campos.

Cuando hace ya algún tiempo me designaron para moderar una mesa de estas características, pensé en la dificultad de un asunto sobre el que se viene hablando en varias ponencias, múltiples y varipintos papers, congresos al uso y sobre el que recae cierta redundancia o, lo que en terminollofía de Economía de la Información podríamos catalogar como ruído.

No obstante, estoy confiado en que las aportaciones de gente como Juan Varela, la misma Sonia Blanco, Manel Gozalbo, Fernando Jáuregui o José Antonio Martínez Soler, nos puedan arrojar un poco de luz sobre la, a menudo conflictiva, pero no siempre, relación entre blogosfera y periodismo.

Soy consciente de la dificultad de una empresa como esta. De hecho, me alegro enormente de ser el moderador -lo que me alivia de establecer afirmaciones contundentes, conclusiones irrevocables o certezas indiscutibles :)- sobre un tema complejo, que suele abordarse desde con diferentes ópticas y que presenta una dificultad de definición apriorística por su propia esencia cambiante.

No obstante, el seguramente vivo debate que suscita un tema tan general como la relación entre blogosfera y periodismo, incluida la propia definición de ambos campos con unos límites que no están del todo claros, seguramente servirá para que quienes participemos en la discusión, tanto los integrantes de la mesa como quienes asistan como público, puedan realiza aportaciones originales y arrojen un poco de luz sobre el asunto.

Esperaremos, pues, al domingo, para ver qué sacamos en claro del debate, o, para que, como decía Eugenio D'Ors oscurecer lo que en un principio parecía claro.

Hasta entonces, quisiera exponer aquí, con carácter muy general, algunas interrogantes, que son muchas , o someras reflexiones que me surgen en relación a esta temática.

Bajo mi punto de vista, no hay ámbito en el que el impacto de los blogs sea mayor que el periodismo. No en vano, ambos mundos trabajan con la misma materia prima: la comunicación. Por eso, si los efectos de la revolución de los bloggers en la administración , la cultura, la empresa o la política son aún muy incipientes, no cabe duda de que los esquemas clásicos del periodismo se han visto ya, hoy, sacudidos por la irrupción y la progresiva socialización de una blogosfera que se duplica cada cinco meses, como nos lo demuestra, por ejemplo, el contador de Technorati.

La llamada revolución de los bloggers ha supuesto una individualización de la comunicación. Esta posibilidad de comunicar de manera individual y con un instrumento sencillo de edición choca con la línea de flotación de la comunicación corporativa.

Creo que la blogosfera ha provocado un replanteamiento de los esquemas tradicionales de los medios de comunicación de masas, unas entidades o corporaciones que, sin duda, están viendo vulnerado su otrora posición de privilegio en la comunicación social. Es decir, que para comunicar, para informar, para valorar u opinar ya no hay que ser medio.

La individualización de los contenidos abre el debate de si los blogs son periodismo. Sí así fuera, ¿qué criterios son los que nos sirven para valorar que un blog sí lo es y otro no? Por el hecho de que un blogger informe u opine sobre determinados y variopintos asuntos, ¿es ese blogger un periodista? O, como se suele decir, ¿un periodista ciudadano? ¿Cuándo yo escribo una entrada, grabo un vídeo y lo subo o emito en podcast, estoy haciendo periodismo?
Lo único que sí sé es que estoy comunicando algo para alguien que, además tiene la capacidad de replicarme.

Asistimos al fin de la división frontal entre emisores y receptores, lo que ha provocado irremediablemente que los mass media y sus profesionales no sólo escriban, sino que lean; que no sólo emitan, sino que escuchen.
Los medios tradicionales, en algunos casos, y en diferente gado, han adoptado nuevas fórmulas, nuevos métodos de comunicar, se han abierto a sus receptores, permitiendo y facilitando la bidireccionalidad. Se han hecho medios que no se construyen por la acción exclusiva de unos profesionales de la información, sino que cada vez son medios más colaborativos.

La comunicación de masas, por tanto, se ha transformado en los últimos años y aún lo hará más. No sabemos en qué medida. No me aventuro a pronosticar el fin del periodismo.

Tampoco me atrevería a suscribir esa teoría que apunta a que los blogs son una moda que llegará a un tipping point y que posteriormente declinará hasta llegar a una balsa residual donde sólo postearán, mobloguerán o podcastearán los mejor informados, los que son capaces de aportar contenidos superoriginales, o los que propongan teorías o cosmovisiones, cuasi religiones diría yo, de lo más extrañas.

Hoy, las personas son tan dueñas de la información, con sus defectos y sus errores, como esas otrora corporaciones que han introducido cambios en el modo y en la forma de comunicar y a las que no le cabe otra que transformarse para seguir sobreviviendo en un mundo globalizado que, paradójicamente, exige información cercana, muchas veces hiperlocal y en el que saber ser receptores, como ocurre con la política, la administración, al empresa o la cultura, es el gran valor para adaptarse a un mundo cambiante, pero que no tiene por qué ser hostil.

Desde luego, tiene las herramientas para ello y esto es lo que caracteriza al nuevo mundo. La comunicación social de hoy y de mañana será cada vez más una conversación.

Seguramente, tengáis algunas otras ideas y cuestiones. Estaría bien que os pasárais por las jornadas. Si no, pretendo postear sobre este asunto y las otras actividades planteadas en las jornadas. Y, en cualquier caso, podéis desde ya sugerir reflexiones en los comentarios e intentaré transmitrlas en la mesa para que también sean objeto del debate.

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