Todo fue ganar Zapatero las elecciones y aposentarse en La Moncloa y surgir un amplio ramillete de colectivos indignados con su situación, cabreados con el estado de las cosas, mosqueados con la gasolina, hasta la coronilla con la discusión territorial, con la ruptura de las familias, con la evidente, clara y razonada implicación de Felipe González en el 11-M, con los regalitos a la eta, sí “a la eta”, otrora MVLN y otro sinfín de causas en la piel de toro. Y, para colmo, Francia -grrr, tenía que ser Francia, aquí hay gato escondido- nos echa del Mundial. A ‘La Roja’ de Cuatro y Maradona, de Colón y Polanco. menudo bloof. Item más: Millones de españoles timados por comprar -vamos, es un decir- sellos y algunos otros cuantos que timan, por ejemplo, doña María José Campanio, susodicha del ejemplar autor de la bisilabilidad del adjetivo Im-presionante.

Pero hay por ahí otro colectivo que ha manifestado también su estupor. Un grupo compuesto por criaturitas -como llama Lopera a los socios del Betis- que no llegan a fin de mes. A ver, como me explico…son, esto, esos pobres trabajadores de la construcción, albañiles de cuello blanco, dignísimos y honradísimos todos ellos, dueños de empresas concebidas sin mácula, promotores de negocios destinados “al común del bien común”, algunos de ellos autodenominados liberales, y , como tales, contrarios a cualquier pacto con el papá Estado…salvo para engañarlo, defraudarlo, ultrajarlo y arruinarlo por la vía del pelotazo. Y no precisamente del pelotazo del Niño Torres, el preferido de ese prefecto romano llamado Jesús Gil, fundador del status quo marbellí.

Y es que el que no llora, no mama. Aunque nos tomen por tontos. Al fin y al cabo, el que no corre, vuela.

Jesulín siempre tendrá razón.

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