Israel dice que tiene al apoyo del mundo para proseguir con su lucha contra Hezbouallá. Pura metralleta propagandística porque la realidad es quees una guerra contra Líbano. Y ahí están los muertos, los huidos y los destrozos para evidenciarlo…

…pero es que Hezbouallá dice lo mismo. Cree justificada también su causa en lo que dicen debe ser una respuesta contra la desproporción del ataque israelí, cuando en realidad su afrenta es contra Israel como estado, sin ahorrarse proclamas antisionistas. Parece como si la lucha permanente contra Israel justificara su existencia como grupo.

El conflicto ha llegado a un punto de no retorno y está empozoñándose. Ya lo dijimos: la guerra durará, lo único que variará es la frecuencia y la intensidad de los ataques. Y la permanencia de la diatriba se sustenta en el irrealismo de los objetivos. Por un lado y por el otro.

Y en medio queda el combate sobre el terreno y sobre la opinión pública. Esta guerra es cada vez más un conflicto listo para influir, propagar escaramuzas y pseudovictorias y para crear adeptos a cada uno de los bandos, a cada una de las causas. Lo de las conquistas por Israel de poblaciones fronterizas es un paradigma.

La estraegia consiste en apuntarse datos a favor, con independencia de la objetividad de los hechos.

Ante la impotencia de la comunidad internacional, la clara adhesión de EEUU a los postulados militares de Israel (y aun hay gente que se sorprende) y el subrepticio apoyo que Hezboullá encuentra en determinados gobiernos y grupos no estatales, resulta imprescindible ganar posiciones en la dialéctica de los mensajes.

¿Quién está ganando la guerra? Si hacemos una cuestación en cada una de las posiciones, las dos nos dirán que están venciendo.

Y lo cierto es con independencia de los apoyos que recaben, esta guerra podría tener sólo un valor relativo, si no fuera porque la batalla que se libra en la frontera no tuviera una repercusión estratégica a nivel internacional. A diferencia del 82, en esta
guerra, el derrotado pierde algo más que un territorio. Y ese es el problema y la causa principal del enquistamiento de posiciones.

Que Hezbouallá esté comprometiendo a todo un gobierno creando un frente de concentración, lucha y defensa que involucra a la práctica totalidad de la sociedad libanesa, que Al Zawahiri haya difundido un vídeo comprometiéndose con su hermanos musulmanes (¿ya los chíitas no son herejes?) de Líbano, y que grupos más o menos radicalizados estén preparando movimientos, desde el Sudeste asiático hasta el Magreb para operar en el frente libanés, o que Israel se postule como gran bandera del oocidentalismo y cuente con carta blanca de EEUU para estirpar la influencia de Irán en la zona, no dejan de ser movimientos que deben medirse en su justa escala.

Y la que impera, por ahora, es la publicitaria, aunque, ya se sabe, todo es susceptible de empeorar.

Anuncios