El famoso aserto unamuniano: venceréis pero no convenceréis. Pero, ¿quién vencerá? ¿Es posible que las guerras de  hoy se terminen con un único y claro vencedor con su correspondiente y diáfano perdedor?

Hay mucha literatura sobre el fracaso de la diplomacia y el triunfo de esa unilateralidad que, creíamos, había expuesto su fracaso en Irak, desde el idealismo de los objetivos hasta los errores de estrategia, pasando por la difícil caracterización de los actores en conflicto.

La Guerra en el Líbano se salda por ahora con casi un millar de víctimas, una invasión inútil y una apuesta por la acción en detrimento de la paz negociada con consecuencias no del todo meditadas.

Y es que, desde la implicación social de Hezbouallá y su verdadera influencia hasta el apoyo no sólo armamentístico sino de inteligencia a Israel prestado por EEUU, el trecho bélico abierto en la frontera libaneso-israelita no sólo ha vuelto a abrir una nueva crisis de la diplomacia, sino, y al igual que Irak, en el seno del círculo influyente del Despacho Oval.

Anuncios