Mientras Israel anuncia que va a seguir con su masacre en Líbano (conquista territorial ya indisimulable, más de mil muertos -la gran mayoría civiles-, destrucción de todo un Estado maximizando el todo por la parte sin apenas censura y la total inoperancia de la comunidad internacional, millones de refugiados y un largo etcétera de calamidades), se están produciendo algunos acontecimientos de interés -al margen de la sangría diaria de Irak, ese considerado epicentro de las esencias democráticas del universo neocon- y de los miles de palestinos que en Gaza siguen secuestrados en sus propias viviendas y aldeas por una suerte de toque de queda permanente.

Por cierto, ¿quién se acuerda ya de los soldados israelí secuestrados, ese curioso leit motiv que justificaba la “legítima defensa” de Israel para, oh novedad, cargarse Gaza y destruir todo su país vecino del Norte?

En fin , que más allá de la incomodidad de esta pregunta, en Arabia Saudí, por ejemplo, conocemos del nacimiento de una nueva facción opositora, aunque creo que aún es pronto para enjuiciar la “real actitud” de enfrentamiento del grupo con la dinastía gobernante en Riad.

Por cierto, como si fuera un contrapeso necesario para un mundo que buscara un cierto eje de equilibrio, en Somalia los islamistas siguen fortaleciendo posiciones, hasta el punto de que el presidente da por terminado el precario gobierno provisional desplazado de Mogadiscio.

Y un augurio: Hay gente por ahí que a base de criticar las caricaturescas soflamas de Ahmadineyad incurren precisamente en las tendencias que critican. Es lo que repetíamos hace unos días: se divierten con el videojuego de la guerra y en Teherán se encuentra el monstruo de la última fase. Simplemente patético.

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