Hace tiempo que vengo pensando en la globalización como un fenómeno que puede, más o menos, definirse por el dominio de una ética de la individualización -resultado de una progresiva toma de conciencia de la herramientas disponibles para decidir per se y, sobre todo, para hacer efectiva esa decisión- y, por otra parte, una estética de la homogenización, caracterizada por el establecimiento de unos patrones comunes, básica pero no fundamentalmente el mercado, que se impone por encima de la diversidad de las culturas, las religiones o las lenguas.

Por la primera, la globalización realza la independencia. La segunda impone como resultado una interdependencia progresiva y creciente. Pero como el mapa global tiene diversas capas, es muy posible que la ética y la estética antes relatadas entren en colisión, pero no es menos cierto que ambas estructuras encuentran caminos para la armonía.

En cualquier caso, estamos ante el fin de lo omnicomprensivo y lo unitario.

Mientras sigo pensando sobre esto, os dejo con una interesante y curiosa anotación de esa caja de sorpresas que es worldchanging.com.

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