Hace poco, Goyo se excusaba de su ausencia en una cena con gentes de Las Ideas programada para la próxima semana en Madrid. Como dice César, Goyo es maestro y ya mismo se pone a la tarea con esos “pequeños locos”.

Será la semana que viene, cuando empieza el curso escolar con la incógnita de la aplicación de, ¡ay las leyes!, la tan traída y llevada LOE. Y veremos qué tal.

Pero, mientras, una periodista y una abogada americanas se cuestionan en un libro los supuestos beneficios de las tareas escolares en casa, los clásicos deberes. Afirman que tensionan a las familias, que distorsiona el aprendizaje de los alumnos y que no son efectivos.

Y no se trata sólo de una cuestión de pespectiva, sino de ideología: ¿quiénes se han encargado de extender la idea de que la educación es mejor cuánto más trabajo tengan los escolares en horario extraescolar? ¿Quiénes y cómo ha logrado extenderse la convención de que trabajo y esfuerzo, con independencia de la metodología y otros factores, como pilares fundamentales de una educación rigurosa, como sinónimo de éxito profesional futuro?

Por otra parte, ¿la competitividad escolar garantiza el desarrollo económico de un país? ¿Son mejores los profesores que mandan más deberes a sus alumnos? ¿Hay profesores que se reafirman, no tanto en el grado incial, como en Secundario o la Universidad, suspendiendo a sus alumnos?

Estas y otras cuestiones en un debate que, no obstante, me suena un tanto antiguo, pero que no está exento de aire fresco, en una entrevista con una de las autoras en salon.com.

Aunque digo yo que ya representa un oportunimo comercial del quince publicitar el libro coincidiendo con el curso escolar. Concedámosle a las autoras el beneficio de la duda y creyámonos que son los plazos de la investigación. Merece la pena.

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