¿En manos de quién están las empresas? El nivel de concentración empresarial, por el camino de fusiones amistosas, uniones acordadas o vía oferta de acciones, sigue al alza. Con mucha probabilidad, cualquier estudio financiero en serio no se resistiría a la conclusión, cada vez más vox populi, de que muy pocas manos son dueñas de muchas empresas.

Cuando en España, el panorama de la finanzas está dominado por ese pozo sin fin que es el mercado inmobiliario, con sus vaivenes casi siempre al alza para regusto del sector de la banca, y por las ofertas variopintas realizadas por acciones de una determinada compañía eléctrica, se hace necesario, en mi opinión, un informe riguroso que revele cómo las principales empresas españolas, las del Continuo y más aún las del Ibex, comparten un mismo tejido de accionistas con paquetes variables, pero con capacidad de influencia y decisión. Es decir, que las entidades están participadas, en mayor o menor medidas,  por un mismo grupo influyente que se reparten acciones en inmobliarias, industrias, medios de comunicación o energía.

Pensando sobre esto, me he encontrado con un esclarecedor, como casi siempre, texto de Nuria Almerón:

El autoengaño es la raíz de la hipocresía, afirmaba Kant. La farsa en la que se han convertido los consejos de administración de las grandes empresas cotizadas, sin embargo, ya no engaña a nadie. En la falta de legitimidad de unos órganos que sólo se representan a sí mismos es donde radica la hipocresía de la merienda de negros que es el actual capitalismo financiero. Por eso son intocables. Como lo demuestra la respuesta que el sector económico cotizado da a cualquier intento de devolver los consejos a su origen, el de representar a todos los accionistas y dejar de ser gobernados por los particulares intereses de sus administradores —a menudo con menos del 5% de la propiedad—.

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