Aunque lo parezca, no me estoy refiriendo al despligue de tropas internacionales en Líbano, sino en Irak. Hoy he leído un demoledor artículo de fondo en el NYT en el que se apuesta por el fortalecimiento de efectivos estadounidenses en el país árabe…pero con un nuevo foco. Marcharse no es la solución, pero el oficial Seth Moulton expone con cierta acidez las dificultades que encuentran para “ganar” la guerra. “Al fin y al cabo -apostilla- la mejor manera de salir, es salir victoriosos”.

Pero, ¿es eso posible? ¿están aprendiendo de los fallos? ¿Ha cambiado la estrategia militar bajo mando estadounidense? ¿Realmente está funcionando la colaboración con el endeble ejército irakí? ¿Es o será capaz la colaboración entre ejércitos y gobierno de frenar la creciente fuerza de las milicias? ¿Se encuentran desbordados por los episodios de violencia entre tribus, ramas y culturas en el Norte, el centro y el sur de Irak?

Aquí, dos perlas muy reveladoras del fondo del texto:

“First, despite all rhetoric in Washington to the contrary, American commanders are being pressured to meet timelines rather than encouraged to wait until Iraqi forces are ready. “Standing up” Iraqi troops is not enough; they must be well-trained”.

Enfoque fallido que arrastra, claro, una metodología errónea:

Second, our strategy is based on consolidating American forces in huge megabases as a means to reduce numbers and, as advocated by several members of Congress, to “move to the periphery.” This is exactly the opposite of what has been prescribed for decades to fight a counterinsurgency, or to squelch a fomenting civil war.

Y  de fondo una pregunta tan ulterior como básica que es un grito perenne que recorre todo el texto: realmente, ¿contra quién luchamos?

Desde dentro, Moulton no se guarda secretos. 

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