¿Se está convirtiendo la energía en un salidero de los ingentes beneficios de la construcción en España? A la luz de los últimos movimientos y pujas, la respuesta más razonable es, de lejos, afirmativa. No es casual que detrás de las ofertas por los títulos de las principales energéticas estén las promotoras, participadas a su vez y con una buena tajada por los bancos. Constructoras y bancos; bancos y constructoras. ¿Nos fijamos bien? Bingo: los dos sectores que más se han lucrado en los últimos tiempos en España con una economía muy poco atomizada, pero sí nuclearizada en torno al ladrillo.

Entonces y vista con contexto, esta operación a la caza y captura de las energéticas con capital y beneficios, con dinero contante y fresco de inmobiliarias, ¿nos revela una cierta necesidad de los compradores por dispersar capital? ¿Es posible que estos movmientos nos estén anunciando, más que otros indicios, el fin de las vacas gordas en el sector inmobliario?

Y otros inerrogantes con la vista puesta casi al final del camino: ¿Demuestran estas operaciones que el sector energético es el gran valedor del posicionaminto estratégico de las empresas y, por supuesto del gobierno? Tras la especulación del ladrillo y a la vista de los vaivenes del petróleo y las commodities, está llamada la energía finalista, como la eletricidad, a ser carnaza de movimientos especulativos? ¿Estamos ante el fin de un cierto derecho no escrito, pero sí ampliamente socializado, a disfrutar de energía dentro de unos márgenes de accesibilidad y con precios y un servicio razonables?

Se lo he oído a uno de los peces gordos implicados en todo esto: “Esto es el mercado y bendito sea el mercado”.  A este paso, le quitan también la exclusiva a Ratzinger.

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