Vaya por delante, sin género de dudas, el total respeto a la presunción de inocencia de los imputados en el mediáticamente denominado Caso Camas: ya saben, ese revuelto de encuentros más o menos casuales, montados con el propósito, según consta en la instrucción de la causa, de sobornar a una ex concejal de IU en Camas para que votara en el pleno a favor de determinadas operaciones urbanísticas.

El concurso de la concejal, doña Carmen Lobo se tornaba fundamental para que el visto bueno plenario a dichos proyectos urbanísticos se produjera, dada la minoría, curiosa paradoja, de la bancada del gobierno tripartito (IU-PP y PA) como consecuencia de la expulsión del ejecutivo municipal primero de Lobo y después de doña Inmaculada Larrinaga, la ex del PP que participara en una moción de censura fallida interpuesta por la oposición conformada por PSOE y NI.

Un lío de precedentes e historial político que únicamente sirve para confudir, por mucho contexto que pueda dar a a la denuncia que se sigue en los tribunales: un presunto delito de soborno por el que están imputados el alcalde camero, Agustín Pavón, de la transparente, antiurbanística y pulcra Izquierda Unida; Fraile, del PP y hermano de la alcaldesa de Olivares y José del Castillo, a la sazón autodenominado andalucista por mucho que el PA se desvincule por activa y por pasiva del personaje, llamado de urgencia para formar parte del gobierno de Pavón tras la marcha de Lobo y Larrinaga.

Agust�n Pavón, alcalde de Camas Visto los antecedentes, acaece que empieza su labor de instrucción el juzgado encargado de aclarar el embrollo, para lo que, es lógico, llama a la denunciante, la señora Lobo, y a los denunciados: Pavón, Fraile , Del Castillo…y un empresario que, presuntamente actuó de intermediario en los -más o menos casuales encuentros- entre proponentes, los ediles nombrados, y propuestos, la concejal Lobo.

Pero en el curso de las declaraciones surge un elemento nuevo basado, eso sí, en el viejo argumento de la conspiración, que se sutancia en lo siguiente: los imputados cayeron, cual conejillos de indias, en una trama urdida para desalojarlos del poder. A partir de esta afirmación, aparece la pregunta obligada: ¿quién fue la mente prodigiosa, quién el arquitecto de tan tamaña operación para involucrar a los ediles imputados, empeñados en sacar Camas del marasmo vivido en teimpos de gobernanza socialista? ¿Quién fue, por tanto, el autor intelectual, quién el señor X que movció los hilos para, insisto, más o menos casualmente, Carmen Lobo fuera llamada a reunirse con Pavón, Del Castillo, Fraile y el intermediario Eusebio Gaviño en bares, resaturantes, apartamentos y otras dependencias?

Lejos de dar palos a ciegas, los inculpados señalan, eso sí sin respetar los llamamientos al habeas corpus que para sí quieren y reclaman, al anterior alcalde de Camas, el socialista Antonio Rivas. Es más, tienen una prueba de gran valía: un almuerzo en un restaurante de Triana en el que participaron Lobo, Rivas y otras personas y que se produjo, por tanto, en días previos a las declaraciones en el Juzgado de Instrucción Número 2 de Sevilla.

La verdad es que se trata de una maniobra torpe por parte del PSOE de Camas, no tanto por el fondo como por la forma, exponiéndose al riesgo de que una comida con la denunciante del caso dé pábulo a toda la teoría conspiracionista a la que, desgraciadamente, nos estamos apuntando cada vez más. Un movimiento desafortunado que está siendo ya ampliado, cual alimento para la sopecha de la trama, por ese mismo medio, paradojas de la vida, que tanto se ha desmarcado de los desvaríos conspiranoicos surgidos de la instrucción del 11-M.

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