La filosofía es una ontología de lo actual; o el papel del intelectual no es determinar qué hay que hacer, sino establecer un mapa o una hoja de ruta y dejar que la gente haga en vitud de su considerada autonomía; o la deconstrucción de instituciones como las prisiones, los hospitales o la escuela como centros para la ejecución de un poder que se plasma más en miríadas que en la versión centralizadora del Estado, son algunas de las consideraciones que debemos a Foucault, ese francés de Poitiers y del mundo que encandiló a toda una generación al albur del mayo parisino allá por ese recordado 68 y que mostrara su desencanto por el ejercicio revolucionario en un Irán que devino Teocracia.

Un Michel Foucault, cuyo gran corpus creador, visto décadas después, es revisado en pro de una de las grandes figuras del pensamiento posmoderno, gracias a sus incursiones en la gramática o en la historiografía, donde combatió cualquier forma de teleología, relativizó a Hegel, y mostró su contrariedad por el pensamiento verticalizado de Marx.

Frente al centro, Foucault opone la periferia, desde la crítica al utilitarismo económico y político de las cárceles, tras su estudio del Panóptico de Bentham. Frente a las visiones totalizantes, Foucault enfrenta que la historia, como afirma en su Archeology of Knowledge, es una sucesión de discontinuidades.

Filósofo, historiador, arqueólogo con vocación de rastrear cualquier resquicio de poder para denunciar arbitrariedades, mostró, en sus últimos años, una simpatía por las minorías y un ejercicio de protesta constructiva que le lleva a establecer que la diferenciación sexual es resultado de la modernidad, a criticar el positivismo radical, a denunciar la diferenciación taxonómica a la que indirectamente contribuyen los dominados del mundo, y a puntualizar que, lo que hoy consideramos verdades inamovibles, no lo fueron a lo largo de la historia, pues cada sociedad construyó su “propia política general del poder”.

Carmenmari me invita a un pequeño coloquio sobre la ingente figura de Focault que un grupo de amigos celebra este sábado en el Parque del Alamillo (Sevilla) a eso de las 12 del mediodía. Si puedo, asistiré y de camino extiendo la invitación a todo el que quiera acercarse y participar de esta charlita. Y, si no, pues entiéndase este post como humilde homenaje a Foucault.

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