Escucho al senador John Mc Cain, que se postula como presidenciable republicano dentro de dos años, que habrá que coordinar con el eufórico bando demócrata la actuación futura de EEUU en Irak.

En realidad, republicanos y demócratas parten de una misma premisa, probablemente errónea: la de un Irak que no ha alcanzado la mayoría de edad kantiana y que, por tanto, requiere de una luz (guía, liberador…) que le conduzca, se supone, al establecimiento de un estado democrático y de derecho (combinado, habría que añadir, con un mercado libre, aunto por cierto, nada desdeñable para ciertos agentes interesados).

El problema se encuentra en que nadie parece saber cuándo Irak gozará de plena autonomía. De manera que, desde una genuina visión paternalista, resulta necesario mantener la vigilancia para evitar la desintegración del país.

Por eso, Mc Cain es partidario de hablar con los demócratas (adolescentes de un mínimo plan sobre qué hacer allí), pero con quienes (salvo honrosas excepciones) comparte el deseo de mantener las tropas.

Tras conocer los resultados en las legislativas, el republicano ha vuelto apostar por seguir en Irak, bajo el argumento de que, la salida de los marines, sumiría a Irak “en un caos”.

Probablemente este hombre y yo tengamos percepciones diferentes sobre qué entender por caos. Seguramente, manejemos distintos instrumentos de gradación. O, tal vez, mi pesimismo ensucia la realidad soñada por los libertadores profesionales.

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