El progresivo repliegue de tropas de la coalición a las bases, seguida, más a largo plazo, por su marcha de Irak dará pie a un escenario en el que los grupos guerrilleros intentarán hacerse con el control de plazas locales con cierto valor estratégico, bien sea por las comunicaciones, bien por la existencia de recursos petrolíferos. La posible crecaión de ciudades-estados controladas plenamente por estos grupos impedirá el establecimiento de una soberanía efectiva por parte del gobierno de Al Maliki y frustrará los intentos por poner orden de la Iraki Army.

La marcha de las tropas internacionales provocará que las milicias se hagan con el grueso del control de los recursos del país, que utilizarán de lanzadera para ganar posiciones en Arabia Saudí. El sabotaje de infraestructuras eleverá el precio del barril a los 80 dólares, no siendo descartable que alcance la temida cifra de los 100.

Las milicias de inspiración chií tendrán el camino allanado para obtener suministro armamentístico de Irán, lo que obligará a la realización de ataques preventivos, tanto por Israel como por EEUU en las “posiciones” de influencia de los ayatolás en la zona, desde el Sur del Líbano hasta el propio país persa.

Tal es el pesimista escenario que dibuja John Robb.

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