Algarabía nos tiene a acostumbrados a servirnos una bandeja de interesantes enlaces para la reflexión. Y,  su último post, realiza una compliación de artículos y vídeos con un denominador común: el miedo. Pero el miedo necesita de un relato, de un discurso. Lo necesita para ganar en eficacia.

Y, sobre todo, el miedo requiere de la construcción de un enemigo. No resulta tan necesaria su identificación, sino que basta con que sepamos que existe. Y la idea-fuerza del discurso del miedo es que el enemigo no está ya al otro lado del bosque, sino entre nosotros.

Entre el relato del miedo y la delimitación del enemigo se establece una relación catalítica. Con ello, irrumpe la ilusión de que el miedo es el resultado de las acciones del enemigo. Esto sería lo lógico, sino fuera porque el discurso del miedo se establece con independencia de la lógica de actuación de un enemigo y que el miedo al enemigo no permanece constante. Antes bien resulta maleable, se estira y se estrecha, se amplifica y se expande, se reserva y se expresa, de acuerdo con determinadas situaciones y en relación a intereses concretos.

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