La movilización ciudadana del 14 de marzo de 2005 (fecha que ha dado nomenclatura a un movimiento anti-sirio en Líbano, que, por cierto y sin escrúpulos se ha escudado en el reciente asesinato de Pierre Gemayel para reflotar de su ostracismo y de su progresivo alejamiento de la ciudadanía para convertirse en un grupito de amateurs plutócratas), fue considerada por la Administración Bush como el inicio de la Primavera Árabe. Por aquellas fechas, las cosas de Irak, el día a día, ya estaba teñido de sangre hasta la médula y no parecía muy políticamente correcto considerar este país como el epicentro de idílico Medio Oriente diseñado para ser gobernado por títeres y con el terreno allanado para hacer negocios multimillonarios por la vía, claro, del siempre bondadoso libre mercado.

Pero la realidad, en la zona, desmonta una vez sí y otra también la propaganda. Sin ir más lejos, el número de los que despidieron al joven falangista Gemayel se encargó de desmontar el boato de un “Líbano Libre” reivindicado en torno a un funeral donde el montaje antisirio hablaba de un millón de personas en una Plaza de Los Mártires e inmediaciones, donde varios contadores más imparciales no han sido capaces de sumar más de 200.000. Pero esto de las cifras es lo de menos: si la realidad no se ajusta a la propaganda, pensararán, es obvio que quien se equivoca es la realidad. Pura metafísica de una liberación del yugo sirio. En fin.

Pero la estupefacción viene de otro lado. Viene, obvio, del cachondeo de Bush y su cohorte (Houston, Houston, ¿dónde están los demócratas? Ni están ni, increíble, se les espera). Ante el ostracismo de Pelosi y Cía., hay va Cheney de visita a sus amigos ricos de la rica Arabia Saudí, un encuentro que tiene como principal objetivo ver las posibilidades de negocio Halliburton en la zona  tratar de que Riad “haga realidad de una vez su promesa de ayudare con 1.000 millones de dólares a la reconstrucción de Irak”, según leo en El País. ¿Me lo explica, oiga?

Mientras, Bush prepara ya su viaje a uno de sus países preferidos, la cosmética Jordania de Abdulá, quien tendrá que dejar de jugar a la Play Station por un rato, y donde el presidente de la usamérica se entrevistará ( y van…) con Al Maliki. El objeto de esta reunión es (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?), agárrense, “los progresos hechos en la transferencia de responsabilidades de seguridad y el papel de la región”. ¿Quéeeeeeee?

A tenor de tan loable objetivo, parece ser que no existe una comunicación fluida entre el Pentágono y la Casa Blanca. O bien, esto tambiés es probable, es que toman a la gente de boba para arriba. Pero, no se crean, sí que hay llamadas entre Bush y sus soldados: “Bush llamó por teléfono a diez soldados -dos por cada cuerpo: Ejército, Marina, Aire, Marines y Guardacostas, y algunos desplegados en Irak y Afganistán- para desearles un feliz día de Acción de Gracias” (El País).

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