Lo hemos visto recientemente: los autodenominados liberales made in Spain han tenido que realizar un indisimulado ejercicio de contricción para no lamentarse por la muerte del dictador Pinochet. Pero, como bien se sabe por la trayectoria de estos teocons, su inopinada moralina religiosa les salva de cualquier contradicción para afirmar que el sátrapa chileno será sometido al juicio de los juicios: el del Supremo de los Cielos, lo que cabe entenderse como el sustitutivo perfecto a su ausencia en los tribunales de la tierra. Se fue para siempre, pero permanece la huella de un estafador que ha dejado un reguero de millones en el Riggs y la inolvidable ristra, con sus nombres y apellidos, de más de 3.000 personas desaparecidas durante su régimen.

Lo hemos visto recientemente (2): los autodenominados liberales españoles, que se dedican sistemáticamente a injuriar vía internet y con el disfraz del anonimato por bandera, han expresado, en lo que es un acto de suprema coherencia, su rechazo a la llamada Ley de la Memoria Histórica. Sobre el proyecto arrrecian, por cierto, críticas a la derecha y a la izquierda, es verdad. Pero incluir a una derecha tan decimonónica en el debate resulta de una futilidad insultante. Recuérdese, en este sentido, los dineros destinados a la privilegiada Fundación Francisco Franco durante los años de Aznar-quismo. Por eso, no es un ejercicio banal que socialdemócratas y comunistas alcancen un consenso necesario para dar amparo administrativo a los ciudadanos que perdieron a sus familiares durante tan oscuros años. Hágase, pues, la necesaria luz.

Anuncios