Millás, Juanjo, da hoy el pregón de la Feria del Libro de Sevilla. Hombre, no es el Yuyu de Cádiz, pero hay que reconocer que el columnista se ha despachado hoy con un “adivina adivinanza” de diez en El País. Su columna de la página postrera -joder, qué analógico, qué 1.o, qué poco friki queda la expresión- me resulta, en cambio, un tanto mediocre; no está bien trabada.

Pues eso, que da el pregón. Yo mismo pensaba estar presente y, sin embargo, he cogido el 27 (desde donde Sevilla pierde hasta el nombre), me he bajado en La Encarnación y, en lugar de dirigirme a la Plaza Nueva por Campana y Tetuán he virado hacia José Gestoso. Un poco más tarde, me he metido por Regina y desembocado en San Juan de La Palma. Al poco, estaba en medio de un tranquilísima calle Ancha de la Feria y  aquí, inopinadamente, me he metido en una biblioteca un tanto quejumbrosa , pero con internet.

Esta crónica de lugares se la sirvo, pues, por gentileza de Biblioteca Casco Antiguo-Macarena.

Al final, me temo que me voy a perder a Millás y mira que me gusta casi más escucharle que leerle. Uf, cuando se pone a recopilar microrrelatos en compañía de Gemma, es un somnífero puro. Y luego esa erre disimulada, que tanto, paradójicamente, nos recuerda a cierto crispador de las ondas. Exacto, el de los comentarios liberales.

Está siendo un viernes soso. Muy soso. Así que me voy a tomar una de caracoles, que es la fecha.

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