El histriónico Vidal-Quadras ha removido los cimientos de la enquistada política andaluza. En realidad, sus declaraciones siguen la línea abierta por el pastor César Vidal, en sus continuas y nocturnas llamadas a la rebelión por el bien de la moralidad cristiana.

Los desmesurados arrebatos de la extrema derecha contra Blas Infante son, para mí, una cancioncilla lejana que confirma el acendrado odio que mastica esta gente contra la diversidad. (hasta el punto de que una de sus diatribas se sustentaba en que Infante se había convertido al Islam. Una falsedad en toda regla, pero que de ser verdad d ebería considerarse maliciosa per se, según estos fundamentalistas).

Todo debería haber quedado en una bravuconada más. Pero el PSOE, desde su acomodada poltrona de Despeñaperros para abajo, retoma el ritmo y la letra  de esta tontería para seguir perjudicando la figura de quien el Parlamento calificó, con no ajena redundancia, el padre de la patria andaluza.

¿Adónde vamos? La izquierda andaluza se empeña en cerrar el círculo de la patraña lanzada desde foros bien identificables e ideologizados para abundar en una proyección de la imagen andaluza construida a base de sucesos pasionales, pateras y crispación política barata.

Ni la cercanía electoral, o tal vez por esto, justifica tamaña idiocia.

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